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Lamadre visita Larradio


A las cero siete horas treinta minutos suena el despertador y yo me desperezo con esa ligera caraja que produce haber dormido muy malamente. Hoy no puedo echar la culpa a Lasniñas, ni a sus virus, ni a sus despertares aleatorios, así que tendré que asumir mis propias neurosis y reconocer que si no he dormido, ha sido por el estado de nervios galopantemente disperso e irritativo que me produjo anoche mi cita de hoy. Larradio. Una radio grande. RNE. Radio Exterior de España para ser exactos. Ana, redactora del programa Puntos de vista, se puso en contacto conmigo la semana pasada para proponerme una pequeña charla donde contarles cómo nacieron libro y blog. Obviamente accedí encantada, sin imaginar el nivel de autosugestión y nervios locos que alcanzaría. 

Comienzo el día con una ducha rápida antes de llevar a Lasniñas al cole, seguida de siete vueltas corriendo en torno al perímetro de la urbanización para desestresarme porque soy incapaz de parar quieta. Para compensar el ejercicio realizado, me siento en la acera y me fumo una cantidad ingente de cigarrillos con profusión de albañil, convencida de que aplacarán mis nervios. Pero nada. Sólo consiguen dejarme una voz varonil con la que emular a Bonnie Tyler en It’s a heartache si decidiera irme a un karaoke. Ideal del todo para mi estreno en las ondas, oye.

Vuelvo a casa y espero religiosamente en la calle a que llegue el coche de producción a recogerme. Mi ignorancia me hace imaginar un vehículo tuneado, con logos por todos lados y un gran megáfono sobre el capó desde el que gritarán mi nombre. Confundida, hago amago de subirme a cada coche ligeramente diferente a los demás que pasa por mi lado: uno de la guardia civil, un camión de yogures, Reparaciones Gil… hasta que para junto a mí un coche de lo más normal, sin distintivo alguno. El conductor baja la ventanilla y me dice con disimulo “No hay nieve en San Maurice”. “Pero hacen buenos chuletones” le contesto yo sin dilación. Es el santo y seña. Me subo y arrancamos raudos y veloces hacia Prado del Rey.

Ya en el hall de entrada, acato todo tipo de órdenes y amables sugerencias. Identifíquese, me identifico. Espere aquí, espero. A los pocos minutos veo aparecer a Ana con una carpeta en la mano y una enorme sonrisa en la cara. Durante el trayecto en coche he tratado de ensayar una frase inteligente con que deslumbrarla en mi presentación, alguna sentencia brillante que haga pensar a mi interlocutora lo ingeniosa que puedo llegar a ser. En mitad de mi vorágine mental sólo alcanzo a decir “Joder, qué nerviosa estoy” Bien, no es el comienzo ideal, pero tampoco voy a flagelarme, que bastante tengo con lo que tengo. Subimos al estudio y yo entro en pánico. Mesa enorme y redonda, cascos, micrófonos como mi cabeza de gordos y una pecera que alberga una mesa de sonido llena de lucecicas y pilotitos como en las pelis de la NASA…

En menos de tres nanosegundos se me ocurren todo tipo de excusas para escapar de allí corriendo como las locas pero antes de que idee un plan de huída, me presentan a Alberto, director del programa. Encantado. Encantada, ¿Cómo estás? Huy, pues con la boca seca, seca, como si hubiese comido polvorones. Decididamente, lo mío no son las sentencias lapidarias improvisadas. Mientras termino la frase veo en sus ojos un ligero brillo que yo traduzco como “Esta chica está muy dispersa ¿De quién ha sido la idea de invitarla? Produccccióóón! Que le cooooorten la cabeza!”  Salgo de mi alucinación infantil instantes antes de sentarnos todos en torno a la mesa. Ellos sonríen, hablan y tratan de tranquilizarme dándome bofetadas como a la niña de Aterriza como puedas. Tres, dos uno… y de repente todo empieza: me olvido de los nervios, de mi nombre e incluso de cómo se pronuncia la palabra “desdramatizar”. El resto, con todos sus puntos y sus comas, pueden oírlo pinchando en esta imagen que me ha quedado tan cuca….Ésta que les escribe comienza a parlotear en torno al minuto 24’ 45”

Cuando todo termina me dan unas enormes ganas de aplaudir de la emoción. Contra todo pronóstico… ¡me lo he pasado pipa! Gracias Ana, gracias Alberto, por hacerme sentir como una reina en el estudio y por conseguir que mi primera experiencia radiofónica haya sido una autentica maravilla, a pesar del color azul de mi piel y de mi falta de oxígeno… También me gustaría dar las gracias desde aquí a los nervios que me produjeron una privación brutal de apetito previa al programa, gracias a ellos he conseguido meterme de nuevo en una talla 38. Dos entrevistas más… ¡y me voy a Bershka!

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