¿Qué le pasa en el cuello, madre?


Fue un breve movimiento, creo recordar, un simple pero vertiginoso estiramiento de brazo en modo latiguillo para evitar que Lapequeña metiera los dedos entre las puertas del ascensor, cuando de repente noté ese clac tan propio de las contracturas de trapecio. Cargada con el saco bolso en un hombro y la mano de Lamayor asida a la otra mano libre, me quedé enganchada en postura de semiflexión y así anduve unos pasos, como la madre de Maruja Jarrón, hasta que decidí dejar de hacerme la fuerte y sentarme en la acera a arañarme la cara y llorar desconsolada de dolor.

Como resultado del tirón llevo dos días emulando sin estilo ninguno a Robocop, absolutamente incapacitada para girar el cuello, mirar a ambos lados de mi cuerpo por si me atacan por los flancos hordas de enanos verdes o simplemente bajar la cabeza para comprobar si llevo los zapatos puestos. Mi universo entero se reduce a la visión frontal que me permite mi cabeza fosilizada. Si quiero mirar a derecha o izquierda, giro la cintura con los brazos en jarras como si estuviera bailando una muñeira y listo. No me pidan más.

Miamiga fisioterapeuta altamente bronceada me recomienda telefónicamente desde las playas de Cádiz ingerir antiinflamatorios y relajantes musculares a partes iguales. Prescindo de lo segundo porque me dejan con la misma actividad cerebral que una col y no me apetece nada derramar baba por las comisuras. Los antiinflamatorios me ayudan sobremanera y se convierten en mis mejores amigos. ¡Cómo los adoro y cómo los ingiero! También me recomienda calor pero a no ser que me enchufe la plancha directamente sobre el hombro damnificado lo veo difícil porque la manta eléctrica desapareció durante la mudanza y no me veo yo con cuerpo torero para ponerme a buscarla entre gritos e improperios, deshaciendo las cajas que aún viven en la habitación del caos.

Resignada me siento en el sillón mientras Lasniñas chillan a mi alrededor y se me enganchan a las piernas intentando treparme hasta la coleta. Cuando tiran del músculo enganchado bramo de dolor y ellas se asustan y se van. Soy clavadita a esas abuelas que se duermen en la cena de Nochevieja y sus nietos aprovechan para ponerles sobre el cuerpo espumillón y luces de navidad. La operación de escalada se repite dos veces más hasta que huyo, me encierro en el baño y cierro con cerrojo.

La mujer todopoderosa que trabaja en casa cuidándonos a todos me libera temporalmente de mis obligaciones maternales y baja al parque con Lasniñas. Loado sea el señor. Maltrecha salgo del váter, andando despacito y con cautela, como si pisara huevos frescos y temiera despachurrarlos sobre el parqué. Enciendo la tele, apago la tele, abro un libro, cierro el libro. Tiene narices que para una vez que tengo tiempo libre, carezca de actividad muscular para disfrutarlo.   

Me siento como si hubiese pasado por las manos de un taxidermista, erecta toda yo, hierática, tiesa como un palo de sombrilla y dolorida como si me hubiese volteado una vaquilla de pueblo. En plena desesperación recurro a la caja de Relaxilitos y me echo un par al coleto. Minutos después se me apaga la cabeza y dormito durante tiempo indeterminado. Soy incapaz de discernir si hubo o no derramamiento de baba. Lamento no poder dar detalles escabrosos.

Cuando Marido vuelve al hogar al grito de Vilmaaaa me encuentra vertida sobre el sofá y mimetizada con la polipiel cual tapete de ganchillo. Asustado y diligente corre a darme un masaje con crema en el hombro dolorido, máximo gesto de amor por su parte pues odia la crema más que a Hacienda o incluso que a las alcachofas, que ya es. El meneo me calma el dolor del hombro pero me deja un extraño dolor reflejo en las lumbares que ahora también me impide agacharme. Definitivamente, soy un dechado de agilidad y virtudes móviles. De repente me asusto mucho y pido al cielo que mi casa no se queme espontáneamente porque apenas tendría fuerzas para salir corriendo y salvar de las llamas la mesa de pino del salón y la yogurtera. Los relajantes musculares, oye, que me hacen pensar cosas muy raras.

Lasniñas entran en casa como en toriles pero antes de que vuelvan a intentar trepar sobre mi cuerpo como mozos sobre una cucaña, su padre les hace un placaje y se las lleva jolgorioso a la piscina. Ellas encantadas. Yo les digo adiós con la manita, en modo infanta, desde mi destierro en el sillón. 

El efecto del cóctel de medicamentos llega a su momento álgido y siento unas ganas locas de pinchar algo de Bob Marley. Sonrío bobaliconamente, tarareo canciones, quiero mucho a mis amigos. Si me viera capacitada para semiflexionar el brazo y encenderme un cigarrito ya sí que me sentiría la reina del afterhour doméstico.  Ventanas azules, verdes escaleras, muros amarillos con enredaderas ¿De dónde habré sacado yo esta poesía que me martillea la cabeza? Vuelvo a dormitar y sueño que comparto jarras y jarras de hidromiel junto a otros vikingos como yo. Qué extraños sueños. En esas me hallo cuando se me cae el cuello del cojín por la flojez que produce la extrarrelajación y me despiertan mis propios gritos de dolor.

Me pican mucho las plantas de los pies… ¿Hay alguien ahí? – grito mientras oigo mi propio eco en la lejanía. ¿Hola?… ¿Alguien puede ayudarme? Supernanny viene a rescatarme y me trae un vasito de agua fresca con pajita. Sonrío agradecida con los ojos llenos de candor. Esta mujer se acaba de ganar el cielo y dos días libres. Mientras se aleja vuelven a picarme los pies pero me aguanto, que no me gusta abusar.

Antes de que un agente judicial se presente en casa y me obligue a ingresar en la Betty Ford por mi uso y abuso de los relajantes, decido tomar las riendas de mi propio destino y llamo a un fisio de urgencia. Media hora después me planto en su consulta despeinada y con los ojos inyectados en sangre, conmocionada por el suplicio de conducir hasta allí. Me recibe el increíble Hulk con bata verde y unas manos como raquetas, plagadas de enormes dedos que ganarían sin dudarlo cualquier concurso de hortalizas gordas. Esto lo arreglamos en un momento, maja – oigo que dice instantes antes de desmayarme.  Una vez terminada la sesión de tecrujolcuerpo, el increíble Hulk me comenta riguroso su dictamen. Esto viene producido mayormente por demasiadas horas frente al ordenador – me dice. Maldito ratón – pienso compungida – si ya sabía yo que ser una madre 2.0 terminaría siendo una profesión de alto riesgo.

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38 comentarios

Archivado bajo Familia, Humor, Mujer, Ser madre, Verano

38 Respuestas a “¿Qué le pasa en el cuello, madre?

  1. arantxa

    Ufff de verdad que siento mucho como estas, pero menuda jartá de reirme, tienes gracia hasta para eso.
    Espero que te mejores pronto =]

    P.d. No viene al caso, pero por casualidad sabras en que libreria de las que tienen tu libro tienen mejor los gastos de envío fuera de Madrid. Es que en una me piden 27 euros por el libro mas gastos de envío.
    Gracias mil

  2. Jejejejeje, tenías que haber pasado el tratamiento termal que te preparé ayer, eso sí que había sido el choque que tus doloridos músculos necesitan, jejejejejeje
    Pregúntale a Marido qué tal los suyos, jejejeje

  3. Mami de 1+2

    No sabes cómo te entiendo! Soy toda una experta en contracturas varias, tanto que ya tengo hora mensual reservada en el fisio. Más que por mis horas y horas ante la pantallita, por tirar y cargar de 3 brujitas que son las que me desarman todos los músculos!!!!

  4. Uffffff, pobre…me alegro de que el increíble Hulk te haya restaurado definitivamente…

  5. Uf! que dolor solo de leerte!!!…que te mejores,y a la proxima te pones el disfraz de superwoman y le das tu la paliza al increible Hulk!!!!

  6. mey

    hola! aunque nunca había comentado, sigo tu blog desde hace bastante, tengo un bebé (“no, yo no bebé, yo nene”) de 2 años recién cumplidos, y ayer me compré tu libro, espero leerlo este finde y después pasárselo a mi hermana, que tiene un peke de 6 meses… gracias por los buenos momentos, y por saber expresar lo que tantas sentimos y no sabemos decir.

  7. Casa Querida

    Magnífico, gracias.

  8. Es magnífico, nunca había visitado tu sitio pero ya me he hecho fan.

    manuel.angel.abeledo.garcia@gmail.com

  9. Casa Querida

    Es magnífico, nunca había visitado este sitio pero ya soy fan.

    http://casaquerida.com/2011/08/07/esto-no-avanza/

  10. ALIOLI

    Como siempre INCREIBLE!! GRACIAS !!

  11. Cabrona! Me he contracturado el cuello por tu culpa. No se pueden escribir estas cosas impunemente y provocar la risa hisérica de los demás de esta forma. Ofú! Voy a cambiarme de camiseta, que ésta se ha calao con tanta lágrima!
    Besos, pescaooooooooo
    Sardinasperoconp!

  12. PD: Lo de cabrona era sin acritud…un leve desencajo de mandíbula y “mese” mueven los dedos del teclau

    • Tranquila mujer, si hay confianza… creo… :) mientras el insulto no vaya acompañado de un “tespero en la calle” , todo bien :)
      Me alegro de tu incursión en el mundo camiseta mojada :)

  13. Paz

    Yo me muero de risa contigo, y encima todo lo que cuentas me ha pasado a mí. Recuerdo mi primera contractura con un bebé de 8 meses y la doctora que me mira y me pregunta “¿Tienes niños?” le explico que sí y me dice “No te recomiendo reposo porque es absurdo, toma este relajante, dosis máxima permitida durante 10 días”. No sé por qué esa inquina a las drogas ¡si son fantásticas!, ¡relajantes, epidural, anestesia total…!. Deberían repartirlos a la puerta de los colegios, sí, pero a las madres y padres, como medida preventiva.

  14. Trimbolera

    Que forma preciosa de contar ese dolor de cuello tan … fastidioso, doloroso e inoportuno siempre. Vamos, de un sufrimiento has hecho una media juerga !! .- Gracias.

  15. ains…que reírse del mal ajeno no es bueno….pero que arte madre…jejejejeje bueno, espero que ese cuello esté en vías de recuperación ;o)

  16. Espero que te mejores pronto, no obstante, me alegra saber que no has perdido el sentido del humor.
    Deberias plantearte escribir otro libro, porque tu narrativa e inventiva son envidiables….
    Un saludo.

  17. Jajajajaa, ¡qué bueno!. Espero que ya estés mejor, yo soy muy dada a las torticolis y demás tirones en esa zona y se pasa fatal, además yo no puedo darle a los antiinflamatorios así que imagínate!!

  18. criandonoskat

    Bueno. Hace rato no dejaba comentarios, pero ya no podía más. Es una lástima que tenga que ocurrirte esto para que unos cuantos visitantes podamos reirnos a nuestras anchas. Sin embargo, dejemos la pena a un lado, y divirtámonos de lo lindo con tus historias.
    Saludos. ¡Te felicito por tu libro!

  19. Eres tan grande que tu próximo libro será, de seguro, formato guía telefónica de Madrid. Ole y ole. Me alegro de que te arreglaran el cuello y espero poder decir lo mismo de mi tobillo mañana, jeje…

    Besos dislocados,
    Lady Vaga.

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