Archivo mensual: julio 2011

Sobre el color carne y otros desastres naturales


Existe una epidemia fatal en nuestros días sobre la que pesa un velado silencio  y creo que es hora de intentar atajarla. Sí, amigas, hablemos sin vergüenza, culpa ni dolo, de las bragas color carne.  

Es entendible y hasta lógico que después de pasar por dos partos, dos puerperios y hasta dos ascensiones al Tourmalet propio de las desgracias postparto, tu cajón de la ropa interior se halle en continuo cambio interno y reacomodo pues ha sufrido un cataclismo similar al descenso del River. Tranquila, nadie te juzga. Poco rastro queda en los cajones de la coqueta de aquel tanga brasileiro tipo hilo dental y del sujetador con tres cuartas de relleno + push up que te brindaba la oportunidad de acomodarte el gin tonic en el espacio que dejaba un más que generoso canalillo.

 ¿Qué tu culo no es el que era? Bien, perfecto será tal cual es. ¿Qué el espejo hoy te odia más que ayer? Cierto, pero seguro que te odia menos que mañana, así que no le des tres cuerpos de ventaja escondiéndote tras una temprana mortaja.

Ahora bien, seamos cautas que en los extremos vive la sinrazón y no digo yo que salgas de casa siempre con la parte superior e inferior idealmente conjuntadas como Alaska y Mario, no. Vale que dada tu edad, tu condición de madre y tus consiguientes lorzas naturales no te veas agraciada con esos sujes de florecitas malvas o puntillas en rojo reventón que antes te apasionaban, pero lo de las bragas color carne no se puede consentir. En algún punto tendremos que poner el límite.

El viernes salía yo del probador de una sucursal cualquiera de Inditex cuando una mala rendija me dio más información de la que necesitaba sobre mi entorno. Asomaba por la cortina del probador contiguo un culo femenino con una bragafaja que habría aterrado a mi abuela. El cuerpo al que pertenecía, bien torneado él y con la flacidez justa, juro que no se merecía ese tormento.  Fuera, y asido como un clic de Famóbil a un cochecito de bebé de apenas unos meses, esperaba un marido paciente y con cara de aburrido pollopelao. Si me permiten el inciso, desde aquí le mando mi más afectuoso saludo y mi deseo de corazón de que la vida le sonría por siempre. No sé porqué, cuando veo a mujeres acompañadas de un espécimen masculino de compras, me invade una ternura indescriptible. Será la poca costumbre, como cuando veo en la tele las crías de cabra alpina y sonrío en modo bobalicón…es algo que me pilla taaaan lejos.

A lo que iba, que me pongo bifocal… En ese momento mi yo cotilla se despertó de la siesta y me preguntó ¿Sabrá él lo que ella guarda celosamente en su interior? No lo va a saber, criatura – le contesté casi de inmediato – que a menos que él sea un primo de Murcia que ha venido a pasar la tarde, ambos dormirán juntos y se desnudarán al unísono, vamos digo yo.

 Y es que con la llegada de los miniseres hay muchas cosas que pasan a un segundo plano. Las bragas, por ejemplo. Pero también los peines, los camisones chulos, la cutícula que rápidamente se asilvestra, el vello de crecimiento superior al estándar y, en general, todo ese afán por cuidarte y ponerte pinturera desde que amaneces hasta que te arrastras exhausta hasta la cama. No hablo de hacerse la manicura francesa y tratarse la melena en ondas texturizadas antes de ir a la piscina, no me malinterpreten, no se trata de disfrazarse de pompón o de florero chino como si a una le persiguiera la prensa rosa y temiera ser pillada en un renuncio. Pero sí hay que reconocer que las bragas de papel y el sujetador de lactancia se comieron un día todo nuestro sex-appeal y eso es algo que no podemos consentir. Habrá que hacer un poder por volver a sentirnos guapas y eso con unas bragas color carne o unos calcetines con tomates, me van a perdonar, pero es materialmente imposible.

Propongo que se acepten deshilachadas, dos tallas más, tres tallas menos, con bolsillos, con costuras como tubos de hormigón, con una cara de hellokitty en cada cacha, desteñidas, dadas de sí o incluso de ganchillo. Pero color carne, no, por favor. 

¡Ups! ¿Eh? Un momento…otra cosa es que ladina de ti utilices la bragafaja de cuello vuelto como velada estrategia para aplacar de raíz todo intento de revoloteo conyugal, cuando el agotamiento hace mella y sólo sueñas con roncar. Pero para eso se inventaron las jolgoriosas cefaleas o los partidos de fútbol vespertinos que aparecen como champiñones tras la puesta de sol, tonta, hay excusas para elegir. Tus bragas son tuyas. Por dios ¡no renuncies a verte guapa!

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No gracias, lo estoy dejando


A dios pongo por testiga que nada hay para los nervios como hacerte cientos de kilómetros con un miniser berreando desconsolado en el asiento de atrás. Es un reto, un desafío, una especie de examen teórico-práctico para la obtención del carné de Sobrehumano. Lamentablemente a veces suspendes y en algún punto intermedio entre Simancas y ninguna parte, el raciocinio te abandona y tú también te pones a llorar.  Antes de enloquecer y tirar de freno de mano, haciendo entrada en trompo en alguna estación de servicio aburrida y solitaria, mesándote los cabellos y corriendo descalza en busca de algún bidón donde meter la cabeza y ahogarte, decides analizar los motivos de su llanto… ¿Hambre?, ¿Sueño?, ¿Dolorcillo incipiente?, ¿Molestas cacas?, ¿Mitad de cuarto de cada cosa más unas poquitas ganas de irritar al prójimo? Incapaces de hallar motivo a tanto desconsuelo, Marido y tú la miráis atentamente a la espera de que sus ojos os hablen como sucede en las familias marcianas. Inmediatamente notas que algo pasa, algo le falta en la cara… ¿Se habrá operado los pómulos?, ¿Demasiado botox?, ¿Irá hoy sin pintar? Nasti. Se te ha olvidado rescatar el chupete del maletero, amiga, y tu hija brama como consecuencia de un descomunal síndrome de abstinencia.

Imagen de Camisetas TEE-S

Una vez que te aseguras de que guardas su dosis en el neceser rosa cuajado de patos amarillos, ubicación inusitada de todas todas para esconder droga alguna, os relajáis y veis la vida de diferente color. Tu hija tiene tremendo mono, nada que tú no hayas experimentado alguna vez cuando se acaban las tabletas Nestlé que escondes en el doble fondo de la alacena, dentro del bote que pone pimienta, so buitre. Cargada de razón y experiencias previas, crees que será fácil calmarla.

¡Ja!

Ni una sola de las terapias conductuales ante posibles adicciones que te enseñaron esos libros preparto, que con tanta ansia devoraste en el pasado, sirven para apaciguar los ánimos de un bebé que ha entrado en bucle y no atiende a razones. Necesidad de succión – le dice uno a otro cónyuge. Serán las muelas – contesta el otro. Ahora bien, definido el escenario ¿Dejamos que llore y pase un ratico malo para que se acostumbre a lo dura que es la vida? ¿O claudicamos y le damos el chupete aún a riesgo de que se le deformen los dientes y tengamos que empeñar los oros para pagar la ortodoncia en unos años? La polémica al volante está servida. Enzarzados en plena discusión pedagógica recuerdas que guardas algún sustitutivo en el bolso. ¡Bien por ti y por tu capacidad previsora para llevar siempre contigo aperitivos horneados!

La bolsa de gusanitos te da unos kilómetros de tregua pero en cuanto se acaban las últimas migas que rechupetear entre los dedos, la vena del cuello se le vuelve a hinchar y estalla otra vez en llanto. ¡¡Pero que quiere chupete, mamammaaaa!!! – grita su hermana desde la sillita contigua, llena toda ella de empatía y solidaridad e incapaz de entender tu repentino desapego. ¡Pero dáselo ya! …Prefecto, corporativismo entre hermanas es lo que necesitas tú en ese momento y otra hija que se suma al club “Mi madre es un monstruo y me trata fatal”. 

Llámenme blanda pero a mí ese llanto me parte el alma y siento tremendas ganas de darle el chupete e incluso la finca de los abuelos en usufructo vitalicio si me lo pide. Cualquier cosa para que termine su agonía. Pero ser madre implica cierta entereza y acceder a sus deseos significaría perder la batalla, así que una se remanga dispuesta y se pone a cantar y a hacer aspavientos como distracción terapéutica, con medio cuerpo en escorzo hacia atrás y el dedo gordo de la mano derecha secuestrado por la que antes lloraba. Ahora ya no. Nada como el dedo gordo de una madre entre tus manos para calmar cualquier pena o aflicción. Cuando la lumbalgia te incapacita para seguir en esa pose o el mareo por viajar del revés amenaza con hacerte enfermar de vomitosis, te giras y vuelve el drama. Es hora de parar. 

Acodados sobre la barra del ya famoso Bar-Restaurante del Horror que sirve como escenario a cualquier viaje por carretera que se precie, ahogamos las penas en bebidas gaseosas a falta de un par de buenas cañas, incompatibles hoy con la seguridad vial y los buenos usos paternos al volante. Entonces definimos la estrategia a seguir. ¿Le damos el chupete o una tila? ¿De verdad seremos capaces de seguir el viaje con sus berridos de fondo? Lamayor, muy digna y cargada de sapiencia infantil, contesta por nosotros.

Vosotros ya habéis tomado las cacolas que os gustan a vosotros, ahora al coche, yo con una pedícula y mi hermana con su chupete. Todos contentos ¿Trato? 

Hala, chúpate esa y nunca mejor dicho.

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El club del pelo seco


Yo, que siempre me he considerado una persona normalmente informada y razonablemente atenta y perspicaz, me di cuenta el otro día de que las madres no bucean. Quizá lo hagamos sólo en la intimidad y en muy contadas ocasiones, cuando no tenemos en perspectiva ningún acontecimiento social que requiera llevar el pelo colocao, pero los días de diario, así sin más y por el mero placer de hacerlo, no.

Todo lo más nadamos brazada y media sacando la cabeza como las tortugas en un alarde de esbeltez y juegos acuáticos, pero por lo demás, no, no buceamos.

Quizá el motivo sea que la piscina para una madre hace tiempo que dejó de ser aquel oasis de tranquilidad y solaz de antaño, cuando bastaba agenciarse un par de amigas, un cigarrito y unos cuantos rayos de sol para hacerte olvidar las penurias y quejumbreces de la vida diaria. Esos días en que te tostabas vuelta y vuelta hasta que te churrascabas por ambas caras plantando cara al melanoma y ya podías salir de noche, rebonita y pinturera, luciendo rojez y/o moreno, dependiendo de tu grado de blancura y espesez de piel. Entonces sí podías meter la cabeza bajo el agua y resurgir renovada, dejando malos rollos y caspa en el fondo, luciendo al salir cierta melena de perroflauta pero descaradamente feliz.

Recuerdo cómo presumía yo de mi pisciadicción. Aprovechaba cualquier minuto libre para despatarrarme al sol y hacerme a nado unos cuantos largos, de esos que te oxigenan y ponen firme del culo hasta las meninges. Ya fuera sola, con amigos o con cualquiera que se prestara a criticar conmigo bikinis ajenos, echaba las tardes enteras bajo el sol porque la energía solar siempre me recargaba cual si fuera toda yo una pila de petaca.

Pero de repente un día sientes que el cuento ha cambiado en algunos puntos.

En primer lugar, porque aunque la piscina de tu casa está exactamente a diez metros de tu puerta ahora tardas tres cuartos de hora en llegar. De camino Lamayor recolecta flores, Lapequeña se las quita y entonces se enzarzan en un pseudo pressing catch sobre el césped, con llaves y tácticas dignas de elogio y vítores varios. Luego alguna sale corriendo, se cae, se raspa la rodilla, codo o saliente corpóreo similar y hay que realizar nueva parada técnica para cantar a capela el “CuraSana”. Avanzas un par de metros y te encuentras un hormiguero. Otros veinte minutos de observación medioambiental y charla sobre la convivencia gregaria del insecto común. Total, que cuando llegas a la piscina, estás deseando volverte.

Tras tres paseos y un par de sobornos consigues acampar bajo el último árbol libre y aunque ya las has barnizado en casa, vuelves a perseguirlas bote de crema en mano, acordándote del padre de ese melanoma que antes no te importaba. Corriendo agachada y con el culo en pompa, maldices como las locas porque una piel resbaladiza es ya lo que te faltaba para amenizar el juego persecutorio y subirlo un nivel de dificultad. Mientras haces tus ejercicios de respiración e intentas hallar algo de calma en tu fuero más interno, sacas las toallas del cesto playero monííísimo que acabas de comprarte y tratas de extenderlas sobre la hierba mientras una hija se te sube a caballo en el lomo y la otra se come el césped.  Cargada con el pack antidisturbios churro/flotador/manguitos llegas exhausta hasta el agua y, en lo que te despistas mínimamente para retirar el sudor de la frente que te impide ver la realidad circundante, Lapequeña se te tira en plancha al agua, sin elemento protector alguno la muy inconsciente, obligándote a entrar vestida a rescatarla. Y sólo llevas 10 minutos allí. El caos, amiga, no ha hecho más que empezar.

Durante el resto de la tarde vagas como alma en pena por una piscina donde el agua te llega sólo hasta media pierna, lanzando ¡ay, uy, oyiii! y demás aullidos tipo IL Castrato, cada vez que un meneo infantil te salpica alguna parte del cuerposeco. Todo ello luciendo gafas de sol estilo Jackie Kennedy y un moño tan alto que te hace parecer un poste de la luz, cualquier cosa antes de que ni una sola gota de cloro te roce las puntas.

Contigo tratando de sobrevivir ahí dentro, los jodíosniños se tiran a bomba a tu alrededor y terminas profiriendo ese tipo de frases cortarrollos que antes sólo oías a personas mayores ¿Por qué no te vas a jugar a otro ladito, salao? ¿A que se lo digo a tus padres? Ciertamente, nada hay más molesto que los hijos ajenos así que mientras sonríes como en otra dimensión y enseñas dientes, dientes, que es lo que les jode, fantaseas con la idea de que descienda súbitamente el helicóptero de Tulipán y se los lleve a todos a merendar a su casa.

Dos horas después regresas al hogar como Mambrú, que se fue a la guerra, con la sana intención de no volver a pisar la piscina en todo el verano, hasta que al día siguiente alguno de tus cachorros te mira con carita de perro pachón y la abnegación hace que te vuelvas a echar al hombro el cesto mientras musitas… ¿Será posible, gensanta, que eche de menos los días de lluvia?

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El punto medio


Desde que tengo uso de razón, o sea desde siempre, porque yo soy muy de tener razón y de querer llevarla tol rato, siempre supe que algún día sería madre. No tenía muy claro si sería psicóloga, plusmarquista o sexadora de aves de corral, pero sabía que sería madre. De niña acunaba todo chisme con visos de ser corpóreo que caía en mis manos, desde despeinadas nancys rubias a barras de fuet; cualquier cosa que cupiera en el cobijo de una manta y pudiera colocármelo en brazos, pasaba a ser automáticamente mibebé. Le cantaba, le mecía y le hacía trajecitos, algo que con el fuet resultaba en extremo complicado porque al no tener brazos las sisas siempre me quedaban flojas y desvaídas.

Pasaron los años y tomé por costumbre colocarme un cojín bajo el camisón y plantarme frente al espejo para ver cuál sería el efecto de mi cuerpo embarazado. Simulaba dolores costales y resoplaba al sentarme como entrenándome para lo que vendría después. ¡Ay, alma cándida, cuánta inocencia y cuánto lo que vendría después!

Cuando cumplidos mis treinta se decidió en armonioso consenso que había llegado el momento, lo asumí con la parsimonia y tranquilidad de quien firma un buen trato. Tampoco me dio mucho tiempo para preocuparme de si sería o no buena madre porque en algo menos de lo que tarda movistar en coger el teléfono, un mes o dos a lo sumo, el Titopredictor nos avisó de que Lamayor venía a instalarse en la habitación de al lado. Lapequeña se nos unió de forma similar. Un martes comentábamos frente a un plato de aceitunas y dos cervezas la idea de tener otro hijo y al día siguiente ya tenía yo la cabeza metida en el váter, regurgitando hasta la tarta de la comunión como si necesitara un exorcismo. ¡Jesús, qué ansias!

Convencida de que éste es exactamente el punto al que quería llegar, he aceptado todos los cambios en mi vida de buen grado y sin decir ni , cómo no hacerlo si se es consciente de ser una de las mujeres más afortunadas de éste nuestro universo sideral. Pero hete aquí que un día sucede algo azarosísimo e insospechadísimo que te obliga a ausentarte de casa por espacio de una semana. A pesar del vértigo que te da irte sin la botella de oxígeno, arrancas y te marchas repitiendo el mantra “Si es bueno para mí, es bueno para ellas, es bueno todos”. Antes de lo que supones, el demoño aparece. Es un dolor físico, como de gripe o cólico de gases, un dolor que se te instala entre el esternón y ninguna parte y te oprime el corazón al respirar. Un dolor de espacio vacío, de espacio con eco, el dolor siempre puñetero que deja alguien que no está.

Al llegar a casa el mono pasa. Las primeras horas de arrumacos, mordisqueos y contorsiones varias, compensan sobradamente los ataquitos de nostalgia de días atrás. Pero entonces otro demoño asoma. El ansia de tus miniseres por verte y no perderte de vista por si acaso decides volver a desaparecer hace que no tengas tiempo a solas ni para ducharte, no hablemos ya de leer un periódico ¡Ja!. Se comen tu comida del plato, te roban los zapatos, tecleas con ellas en el regazo o sobre los hombros o sentadas sobre el mismitico monitor… A veces sientes que en la habitación no hay suficiente aire para tres y sacas la cabeza por el ventanuco por miedo a empitufar súbitamente y ponerte color índigo. Tres inspiraciones fuertes, diga 33, coja aire y pa´dentro otra vez que se están pegando y hay que mediar.

Como subida a una especie de balancín emocional que hace que me desplace de uno a otro extremo sin parada central, termino de dos tragos la botella, meto este corto mensaje y la lanzo al mar…

Querido Punto medio:

¿Dónde coño estás?!?!

Atentamente.

Madre

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Historia de un viaje / Story about a trip


Me perdonarán ustedes si esta vez cambio el tono humorístico del blog para contar una historia diferente, intensa, emotiva y bilingüe!

… After the photo starts the English version! :)

Definitivamente, creo que no estamos preparados para que los desconocidos nos regalen cosas. Cuando recibí el email de Joanna Landau, fundadora de Kinetis, invitándome al VibeIsrael Mummy bloggers trip tuve que leerlo tres veces porque no podía creerlo. Tras asegurarme de que los cojines de mi casa no escondían ninguna cámara oculta, diminuta y cotilla, y de que no iba a salir en la tele con el moño despeinado y ropa de estar en casa, me di cuenta de que me invitaban, simplemente por el hecho de ser yo y escribir un blog, a pasar una semana en Israel con todos los gastos pagados. ¿La misión? Conocer el Israel real, el del día a día y no el turístico o el que sale en los periódicos ¿La agenda? Impresionantemente intensa. A pesar de que sabía que la nostalgia me agarraría por los pelos y lo pasaría mal en algún momento, tenía claro que no podía decir que no.

Durante siete largos días y seis cortas noches he compartido todo mi tiempo con un grupo de mujeres espectaculares, con las que he podido conectar en mil aspectos a pesar de lo complicado que es hablar una lengua que no es la tuya. He conocido personas maravillosas que nos han dedicado todo su tiempo, robándoselo a sus propias familias y a sus quehaceres diarios. Personas que un día se levantaron de la cama sin poder mover las piernas y que hoy ganan medallas olímpicas. (Gracias Moran, por esa tremenda lección de vida. Definitivamente, “Strong is the new beautiful”.)… Mujeres llenas de energía y creatividad que un día se cansaron de intentar conciliar su vida laboral con la familiar y se lanzaron a la maravillosa locura de montar su propia empresa mientras cuidan de sus tres hijos, (siempre tres hijos :))… Ciudades enteras como Holon que ayer eran un desierto vacío y hoy son comunidades llenas de energía y actividades dedicadas por entero a los niños, pagadas siempre con dinero público. Restaurantes de comida espectacular que han hecho que nada más llegar a casa, bajara la báscula al trastero… Métodos terapéuticos que creen firmemente en la inmensa capacidad de un niño para aprender, incluso a andar cuando todos los análisis médicos afirmaban que nunca podría…Museos con fábricas de palabras que consiguen que una lengua no muera y siga manteniéndose viva y en constante evolución… Jóvenes graduados en diseño industrial que montan de la nada su pequeña empresa de juguetes de madera en Jerusalén y sueñan con vender por todo el mundo a través de su web

Sí, ya sé lo que están pensando, que les veo. Está claro que cuando alguien te invita a su casa no te enseña las habitaciones revueltas y desordenadas; todos preferimos mostrar la preciosa decoración del salón y el magnífico sicomoro del jardín antes que reconocer la pelusa que se esconde bajo nuestros muebles. Pero tampoco creo que el propósito del viaje fuera analizar la situación política de Israel ni nosotras fuésemos los oyentes ideales para ello. Me quedo con la idea de que esta gente tiene infinitas cosas que ofrecer al mundo más allá de una guerra perpetua con sus vecinos y eso no siempre nos lo cuentan.

Termino con las palabras que más veces he repetido en estos últimos siete días. Muchas gracias! Thanks a lot! Gracias, no sólo por haberme enseñado herramientas e ideas que me harán mejor madre, también por haberme dado la oportunidad de conocer gente que seguro me hará mejor persona.

Todah rabah!

 
Un beso enorme para mis compañeras de viaje & bloggers
 
 

 

Forgive me if this time I change the tone of humour of my blog to tell a very different, intense, moving and bilingual story!

Without doubt, we are not prepared for receiving gifts by people unknown to us. When I received an email from Joanna Landau, founder of Kinetis, inviting me to VibeIsrael mummy bloggers trip, I had to read it three times because I couldn’t believe what I was reading. Making sure the cushions in my house weren’t hiding a little, nosy candid camera, and that I wasn’t going to appear on TV with a messy hairbun and dressing gown, I realised that they were inviting me, simply for being me and for writing a blog, to spend a week in Israel all expenses paid. The mission? To get to know the real Israel, the day-to-day Israel, not the turistic Israel nor the Israel that’s in the papers. The schedule? Incredibly intense. Even though I knew that homesickness would nag at me and I would have a bad time a some point, it was clear to me that I couldn’t say no.

For seven long days and six short nights I have shared my time with a group of fantastic ladies, with whom I have been able to connect in a thousand ways in spite of the complications of having to speak a language that is not my own. I have met wonderful people who have dedicated their time to us instead of their own families and their own daily routines. People that one day got out of bed unable to move their legs and that today win olympic medals. (Thanks Moran for that tremendous lesson of life. Definitely, “Strong is the new beautiful”.) Women full of energy and creativity that one day tired of trying to combine work and family life and launched themselves into the wonderful craziness of setting up their own business whilst taking care of their three children…”always three children” :)…Whole cities like Holon that yesterday were an empty desert and today are communities full of energy and activities dedicated in their entirety to children, paid for with public money… Restaurants with great food and full of contrasts that have made me have to put the scales in the attic as soon as I got home… Therapeutic methods that believe firmly in the immense capacity for a child to learn, even walk when all medical analyses asserted that he never would…. Museums with word factories that manage to save a language, keep it alive and in constant evolution… Young graduates of industrial design that create out of nothing their own little wooden toy company in Jerusalem and dream of selling around the world through their website

Yes, I know what you’re thinking, I can hear you. It’s clear that when someone invites you into their home they don’t show you the untidy rooms; we all prefer to show the lovely décor in the living room and the magnificent sycamore in the garden before acknowledging the balls of fluff under our furniture. But I don’t think the purpose of the trip was to analyse the political situation in Israel either, nor were we the ideal listeners for it. What I think of is the people that have millions of things to offer the world beyond the continuous war with their neighbours and that is not what we are always told.

I finish with the words that I have repeated most in the last seven days. Muchas gracias! Thanks a lot! Thanks, not only for having shown me tools and ideas to make me a better mother, but also for having given me the chance to meet people who will surely make me a better person.

Todah rabah!

Big kiss for my fellow travellers & bloggers

Accidental Mente      Sally Whittle     Exmoor Jane   &   Rosie Scribble

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