Archivo mensual: junio 2011

Se vende libro en buen estado


Por fin, después de 9 meses de gestación, esta vez sin retención de líquidos ni engorde mórbido previo, menos mal, pero sí con algún que otro sufrimiento y grito de dolor sobreactuado… ¡EL LIBRO ve la luz!

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Desde aquí mi más sincero agradecimiento a todos y cada uno de los amigos y seguidores del blog, sin cuya inestimable ayuda, cariñete y empuje diario nunca me habría decidido a meter el moño en este insondable mundo de la autoedición literaria.

Aquí os dejo la criatura. Espero de todo corazón que os guste.

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Microsistemas familiares I: El parque


Con la llegada del buen tiempo, el sol, el polen y la calorina, las crías humanas gustan de salir a la calle a desplegar por completo su hiperactividad y comportamiento jolgorioso, hartos como están de patinar en calcetines sobre el parqué, máximo exponente del deporte indoor invernal. El hábitat ideal para el desarrollo de esta actividad es claramente el parque, sin acento, ¡ese gran ecosistema!

Fuente: Fotolia

En el parque cohabitan todo tipo de madres y todo tipo de crías. Está Lamadre búho, que se esposa férrea al columpio por si su miniser decide hacer el salto del ángel con doble bucle y caída en tirabuzón. Normalmente va vestida de beige, luce moño bajo y sus hijos llevan lazos; Lamadre sedente, que puede tirarse seis horas haciendo pastelitos de arena sin girar el cuello y sin muestra alguna de fatiga. Es callada y suele tener una facilidad pasmosa para la teletransportación mental; Lamadre atleta, que corre y se contorsiona tras el miniser como la mejor de las gimnastas rumanas. Calza siempre zapatillas blancas, ya lleve vestido de fiesta o bata; Lamadre Quelee, especímen que ejerce su actividad mientras sus miniseres se descorromoñan cabezabajo por el tobogán y comen arena con fruición caníbal. Su dejadez puede despertar ciertas envidias por lo que suele reposar alejada del resto de la manada, pero eso sí, es siempre la más culta; Lamadre cebadora, que transporta en los huecos del carrito todo tipo de comestibles a repartir entre sus hijos y los colindantes. Ella es la culpable de que te pongas tibia a cacahuetes a las seis de la tarde y llegues a casa con la descabellada idea de comprarte una faja; Lamadre de Hamelín es la mejor de todas y reivindico una para cada parque desde ya. Es capaz de inventarse todo tipo de chistes y juegos y hacer que los niños la sigan sin descanso, dejándote a ti en ídem; y por último Lamadreparlante, mujer de cuerdas vocales hiperdesarrolladas, capaz de estar hablando sin parar durante horas, sin apercibirse de lo cansina que puede llegar a ser para el resto de sus congéneres. Cuando llegas a casa te das cuenta de que te sabes al dedillo su árbol genealógico y sus ciclos menstruales.

La transformación que una madre sufre al pisar la arena del parque también es curiosa. Da igual que seas neurocirujana, trapecista o asistenta, al llegar al parque tus neuronas bajarán a mínimos históricos, empezarás a hablar en diminutivo, a comentar la densidad y consistencia de las cacas de perro y a perseguir a todo niño que se te cruce, aunque no sea tuyo, insistiendo para que se ponga la rebeca cuando la que tiene frío eres tú. A cien metros a la redonda de un columpio, todas somos alomadres, todas cuidamos de todos y vivimos con similar dolor heridas y chichones de niños que probablemente no volverás a ver en tu vida. Tal es el poder mágico de Elparque.

Sucede a veces que la confluencia de vientos y astros te hace conocer una chupimadre o madrechachi, alguien con quien congenias desde el minuto cero, que se ríe de tus mismas tonterías y con la que puedes hablar de más trendingtopics que no sean mocos y grietas del pezón. Eso es mejor que el Euromillón, amiga, así que ya puedes correr a pedirle su teléfono y a declararle amor eterno bajo su ventana porque nunca se sabe cuándo podrás cruzarte con un ejemplar similar. En caso de que dicho amor surja, conviene no atosigar a la otra madre proponiéndole incesantes citas diarias porque corremos el riesgo de que emigre a otro parque cual ave zancuda.

En el extremo opuesto del dueto amor-odio, también puede darse la posibilidad de enzarzarte con alguna otra madre en una disputa tipo “ese cubo es mío”, llegar a las manos y salir en el programa Gente, vendadas y maltrechas ambas, explicando los pormenores de la reyerta espalda contra espalda. Es realmente impresionante hasta dónde puede luchar alguien por sus pertenencias o por lo que cree suyo, si hasta las hay que por su cubo ma – tan.

Debo reconocer en esta intimidad que nos acoge que no soy yo muy de parques, la verdad. La primera media hora bien, pero por lo general luego me empieza a temblar el párpado como si estuviese pillando WIFI y acto seguido me desnuco de sopor sin remedio alguno. Con algo de remordimiento y vergüenza, eso que no falte, a veces delego mis funciones parquiles diarias sobre cualquiera que me las acepta, Lanana, Labuela, Laquequiera… En caso de que la propuesta no cuele, bajo presta y abnegada a plantar el culo sobre la arena y a charlar, gritar, cebar niños y poner rebecas como la que más. Eso sí, siempre previa cita con la chupimadre o madrechachi, ojo, que a esta vida no viene una pa sufril.

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