Archivo mensual: mayo 2011

Pal’armario V


Elarmario de Lascascarrias. Abre y deja tu artefacto inservible.

Detectada una nueva Cascarria, esta vez veloz y guay toda ella…

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Se busca héroe


Pasé parte de la infancia y la adolescencia enamorada hasta el tuétano de Ernesto Guevara, de sus barbas, de sus pelos largos y de aquella silueta orgullosa que un fotógrafo cubano le robó en un acto público para luego meter por siempre jamás en los anales de la historia y en todos y cada uno de los libros de merchandising internacional de tapa dura.

Se imaginarán que llevar la carpeta forrada con la efigie de un guerrillero aseado de una forma regulera no fue muy del gusto de las monjas que poblaban mi colegio. En algún momento debí musitar mi desacuerdo con su intolerancia, porque tampoco defendían cosas tan dispares y ése fue el principio del fin. Entonces dejaron de quererme.

Aparte de que como ser humano de género masculino aquel hombre estaba que crujía, icono de tipo sexy que muere demasiado joven, su imagen se convirtió, no ya en un símbolo comunista, sino en el derecho a pensar de forma diferente, a retorcerte, a revelarte, a buscar una alternativa a lo impuesto.

Ayer por la tarde, sentados todos alrededor del fuego del hogar, y amenizada nuestra tertulia con las diferentes y variadas performances que salían despedidas del DVD de los Cantajuegos, Lamayor pegó su cara a la tele y entusiasmada me gritó. “Mira, mami, éste es él, el más guapo, es el mío”. Su pequeño dedito índice señalaba la cara de un tipo con camisa roja y mono vaquero que en ese momento imitaba a un orangután. Al principio me hizo gracia, luego me dio susto.

Quizá peque de alarmista, lo sé. Es cierto que Lamayor aún es pequeña y que sus referentes no están del todo definidos; sé que crecerá,  que se mirará en un montón de espejos y que terminará quedándose con lo que le convenga, lo que haya o lo que quede… El problema es que miro a mi alrededor y no veo un solo brote, ni una incipiente figura o cabeza pensante capaz de generar la más mínima esperanza ni convertirse en adalid de nada.

¿Qué tipo de héroes les vamos a dejar en herencia a nuestros hijos? – me pregunto cuando me agarra la vena filosófica y miro al infinito poniendo cara de foto. Justin Bieber? CR7? CR9? CRdostercios, Miley Cyrus?… Willy Toledo?

Hace tiempo alguien muy sabio me dijo que los mejores bienes que se podía legar a los hijos, amén de un piso pagado y una buena estructura ósea, eran dos, raíces y alas, términos opuestos donde los haya que me hacen enloquecer y pelearme conmigo misma y mis sentimientos varias veces al día. A esta relación de bienes yo añadiría un héroe. Y lo busco, no se crean. Pero no lo encuentro.

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Una de miedo


No sé qué tendrán los niños pequeños, despeinados y en pijama que provocan tantísimo miedo cuando aparecen en mitad de un pasillo a medio iluminar, como una versión de la chicadelacurva diminuta y doméstica. Será su pequeña silueta a media luz, el murmullo de un cuerpo que se mueve con sigilo, su voz infantil canturreando un sibilante maaamaaa… Algún tipo de recuerdo traumático o película mala de sobremesa se nos adueña entonces del raciocinio impulsándonos a gritar y sentir profunda cagarsis, amén de unas ganas locas de deshacerte de la visión, con o sin patada voladora de por medio.

Da igual que sea tu hijo, que lo hayas amamantado a tus pechos hasta anteayer, que reconozcas en el claroscuro el pelo fosco de su padre o los andares del abuelo, es aparecer la sombra por el pasillo y echar de menos un arma de fuego o en su defecto unas goticas de agua bendita en coqueto vaporizador.

Pues bien, con esta diaria cruz debo lidiar desde que el calendario de crecimiento infantil me avisó de la conveniencia de retirar el pañal nocturno a Lamayor. Cada noche, una sola vez si hay suerte, dos si nos pasamos con la ingesta de líquidos, una silueta adormilada y balbuceante se acerca a mi cama arrastrando de una mano una mantita y de la otra un Güinipú tiñoso. Si se da de bruces contra algún mueble, se lamenta y llora, yo sólo me asusto; si llega triunfante a meta y a dos palmos de mi cara me susurra mamapísss en la calma y mudez de la noche, me encaramo a Marido como las locas y grito quenoquenooo, agarrotada toda yo y a un tris de entrar en pánico.

Estoy tratando de superarlo, de verdad, primero fueron las valerianas y demás hierbas varias y ahora una terapia de diván que me cuesta un ojo de la cara, pero sigo sin poder normalizar la situación.

Hace días probé a coserle cascabelitos al camisón para que ellos me anunciaran amablemente su salida de la cama y posterior transitar por el pasillo, pero sólo conseguí agravar la situación añadiéndole una banda sonora terrorífica a la ya de por sí terrorífica presencia. Anda que yo también…

Otras noches cambio de estrategia y me resisto a dormirme grapándome la pestaña al entrecejo, para que su llegada no me pille desprevenida. En cuanto noto el más leve movimiento me levanto rauda y trato de sorprenderla acostada, que eso impone menos, porque dentro de la cama sigue siendo mi hija y no una de las niñas de El Resplandor

Los días en que el azar juega con nosotras y nos hace coincidir en un punto intermedio entre ambas habitaciones, la tensión estalla. Yo avanzo tapándome la cara con la mano, valiente, observando la escena a través de una rendijita entre los dedos y rememorando esas escenas en que la chica oye un ruido en el cobertizo y la muy lerda va, descalza y quinqué en mano, para ver si el asesino tiene todo lo que necesita para la masacre o le debe dar unos minutitos más de tregua para prepararse. Con este sano pensamiento avanzo, hasta doblar la esquina del baño donde sé que ellas me estarán esperando. Miniña y Lataquicardia. 

Una vez solucionado el tema, es decir, madre se asusta, niña mea y madre vuelve a depositarla en la cama, tengo serios problemas para volver a conciliar el sueño, sobre todo desde que le regalaron una lamparita con música dance que Laniña se empeña en conectar cada vez que vuelve de su micción nocturna. Recordatorio para una inminente destrucción o pérdida de pilas. 

…Y debo reconocer que al menos tengo suerte porque Lamayor no es muy de hablar, dormida me refiero, despierta no calla. Recuerdo un episodio espeluznante, hará ya unos cuantos años, cuando la que se levantaba atemorizada era Mihermana y la presencia Misobrina. Una noche de verano Hermana oyó cómo Sobrina gritaba desde su habitación… 

-Maaaaamaaaaaa.

-¿Qué, cariño?.

-No puedo dormirme, tengo miedo – continuó gritando Sobrina desde la cama.

-Prueba a cerrar los ojos y pensar en algo bonito – contestó Hermana sin despegar los rulos del almohadón.

-No puedo, mami, este niño que hay en mi habitación no me deja. 

Escalofriante, lo sé, sobre todo si tenemos en cuenta que Misobrina es hija única y que con 4 años tenía escasa actividad social al caer el sol. A la mañana siguiente la niña apenas recordaba el episodio mientras que Mihermana fue incapaz de volver a pegar los párpados en toda la semana. 

En fin, amigos míos, que si como yo se enfrentan ustedes a la reiterada aparición nocturna de un niño con el pelo alborotado y las medias de color, mantengan la prestancia de ánimo o griten como corderitos degollados, lo que tengan ustedes a bien para sobrellevar el trauma con cierta dignidad. Otra opción es practicar el colecho hasta que el miniser noctámbulo cumpla los 15 y ya pueda levantarse solo a mear sin necesidad de despertar a la feligresía ni anunciarlo en el BOE. Es pues ésta una buena opción a valorar.

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Pal’armario IV


Elarmario de Lascascarrias. Abre y deja tu artefacto inservible.

Detectada una nueva Cascarria vagando por ahí en libertad…

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