Archivo mensual: abril 2011

El disco rayado


Desde hace algunos meses Lamayor, junto con esa tremenda locuacidad y verborrea que le son propias de serie, han decidido exprimirnos y licuarnos el ánimo a base de súplicas que se reiteran hasta la permutación. Jamás pide una cosa una sola vez, lo manda todo por duplicado aunque no sea necesario llamar la atención ni se enfrente a una previsible negativa. Quiero ir al parque, quieroiralparque. Normalmente la segunda vez que lo dice lo hace a un ritmo ligeramente más rápido que la anterior, como de carrerilla, de discurso ya sabido. Y si se arranca con una tercera… Quiero ir al parque, quieroiralparque, quieroiralparque, ésta última frase pasa a tal velocidad que hasta te despeina el flequillo y te deja sin aliento.

Hartos de desesperarnos, de gritar y de huir a la habitación contigua para estrellar rítmicamente la cabeza contra el tabique hasta despelucharnos las entradas, Marido y la que suscribe hemos decidido contraatacar con sus mismas armas. Por el ancestral precepto de «si no puedes con ellos, únete», desde hace meses las discusiones en casa suceden de esta guisa… 

Mami quiero una piduleta

No puedes cariño, vamos a comer ya.

Pero es que quiero una piduleta

No puedes cariño, vamos a comer ya.

Pero si es un poquito de piduleta solamente

No puedes cariño, vamos a comer ya

Te prometo que luego como bien

No puedes, cariño, vamos a comer ya.

La técnica del «disco rayado», si bien hoy es una práctica muy usada en inteligencia emocional para deshacerse de individuos con los que no funciona ningún otro método de persuasión, tipo señoras con mandil que ofrecen ramitas de olivo, loteros y vendedores de toda índole, seguro que fue creada hace tiempo por un padre ahíto de súplicas, agarrotao y al borde del llanto, me apuesto la funda de oro.

A priori el método es sencillo, consiste simplemente en repetir la misma frase una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, independientemente de lo que conteste el otro. Para no enloquecer en el intento bastará con disponer de altas dosis de paciencia o de mucha cera en el oído que impida oír con claridad y exasperarse con las contestaciones del adversario. Pero, ojo, es importante saber cuándo parar porque corre uno el riesgo de convertirse en Rainman y quedarse atascado en el insondable hueco de sus propios pensamientos. Por el contrario si mantienes la calma y no dejas que el bucle espacio temporal te absorba de pescuezo para arriba y convierta tus neuronas en pescaíto frito, resultará una técnica genial para desembarazarte de hijos pesados y demás especies con gusto por la insistencia. 

La norma estándar es parar tras cinco o seis repeticiones sucesivas, con treinta segundos de separación entre contestaciones. En caso de hijos cabezones y porculeros, quizá se requiera algo más de tiempo pero es importante no sobrepasar los diez minutos en bucle, no vaya a ser, que se han dado casos de padres que han quedado enganchados y ahora hablan así todo el rato, en plan estribillo de reggeton

Existe un caso curioso que suele darse sólo en figuras maternas y que ha generado más de un docto estudio. Como ya se imaginarán, la cosa se complica sobremanera cuando confluyen en el mismo espacio-tiempo-mesadecomedor dos especímenes con similar grado de experiencia en dicha técnica, léase cuando vas a comer a casa de tu madre: 

¿Te pongo un cacito más, hija?

No gracias, mamá, estoy llenísima.

¿Te pongo un cacito más, hija?

No gracias, mamá, estoy llenísima.

¿Te pongo un cacito más, hija?

No gracias, mamá, estoy llenísima.

Como ambas cabezas de progenie han desarrollado a lo largo de su experiencia maternal la misma tendencia a plegar tímpanos e ir a lo suyo, aquí el bucle puede llegar fácilmente al infinito. De forma gráfica podría representarse como esas luchas de animales astados que engarzan los cuernos y luchan por machacar anímica y físicamente a su adversario hasta que éste muerde el polvo, o en su defecto se traga el cazo. La victoria dependerá del grado de tozudez o el número de hijos de que disponga cada una, lo que determina claramente su maestría, y jamás, jamás de los jamases quedará la contienda en tablas. Faltaría. 

A excepción de este maquiavélico supuesto madre-madre, la técnica es harto efectiva; servirá para evitar líos innecesarios con el común de los mortales y acalorarse lo justo. Pruébenlo también en jefes, superiores jerárquicos y demás criaturas limitadas en busca del informe tardío o la orden incumplida. Dudarán seriamente de su intelecto, cierto, pero a cambio le dejarán por imposible y por tanto en total y absoluta paz espiritual.

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Guionistas para padres


De igual modo que cada persona tiene un angelote de la guarda velando por su seguridad física, sus llaves de casa y demás órganos vitales y vicisitudes de esta vida, también disfrutamos cada uno, y por el mismo precio, de un guionista que dirige nuestros pasos y decide qué nos sucederá, cuándo y dónde, desde la lejana y confortable silla de su terraza con vistas al mar.

Y va a resultar que en esto, como en muchísimas otras cosas,  los padres nos llevamos la palma (y el oso, la concha, el goya, el oscar, el bafta…) Desconozco la razón pero a nosotros jamás nos adjudican guionistas centrados, serios o cabales, que no, que no; de alguna forma siempre terminan trabajando para nosotros aquellos guionistas de cordura disipada, defenestrados de cualquier otra serie, como aquel que decidió que el padre de Chandler en Friends se hiciese travesti en Las Vegas o el adicto a estupefacientes que ideó el final de Lost.

Por esta sencilla teoría de la guionización no equitativa, a un ser humano con hijos siempre le tocará olvidarse de la botellita de agua cuando va a la montaña, arriesgándose por ello a una deshidratación mortal;  o el chupete de repuesto cuando el niño se halle cuajando con sigilo el quinto diente; o el apiretal en tardes febriles aunque nada lo indicara al salir de casa. El guionista de un padre jamás consentirá que éste llegue a tiempo a la caja del supermercado antes de que rebose por los bordes porque antes le habrá hecho socorrer tres rabietas y un desnucamiento contra el lineal de las chuches. Tampoco le permitirá encontrar el mando de la tele antes de un derby porque en un ataque de chispa interna y malignidad postalcohólica, habrá decidido camuflarlo en ese extraño montón de la entrada compuesto básicamente por clics de famobil, tierra, caramelos chupados y piedras de jardín.

Todo esto, si bien en su justa medida es algo asumible que da vidilla a nuestro quehacer diario y nos permite luego socializar en la charcutería narrando peripecias a los que nos escuchan y a los que no también, termina siendo un tanto molesto para algunas familias cuyos guionistas les toman como grupos piloto y prueban en sus carnes prietas todo tipo de gags destinados a subir audiencia. Claro ejemplo de ello es La Minifamilia, núcleo familiar recientemente ampliado en +1 miembro, a la sazón amigos de la que suscribe, y cuyo último y rocambolesco episodio paso presta a relatar. 

Viernes tarde. Exterior casa. Sol. Sensación térmica +/- 20º 

Elpadre, Lamadre y Lamayor, a excepción de Labebé que queda a salvo en casa de Losabuelos, se disponen a meterse en el coche para salir zumbando a casa de una amiga suya, muy guapisísima, inteligente y culta, culta, que les ha invitado a merendar. Sentada ya Lamayor y atada a la silla cual versión automovilística de Hannibal Lecter, va Lamadre y nota, oh cielos, que su niña lleva un gran moco colgando. (Voz en off: Risas enlatadas)

Elpadre, diestro y gimnástico, contorsiona lumbares en dirección a la cavidad nasal de su hija, sita en el asiento de atrás, para eliminar todo rastro de mucosidad con una toallita, al tiempo que las llaves del coche se le suicidan sigilosas desde el bolsillo, yendo a caer desvaídas al asiento sin que el interfecto se aperciba (Voz en off: Minigrititos de susto entre el público, como de temerse uno lo peor)

Elpadre sale, cierra la puerta del coche y espera paciente a que Lamadre salga de la casa tras pescar cualquier cosaurgente en el último momento. Segundos después ambos dos entran en pánico simultáneo al darse cuenta de que el coche se ha cerrado de forma automática, con Laniña y Lasllaves dentro en feliz comunión, y todas las ventanillas cerradas. (En off: Gritos de terror, susurros, bomberos que piden calma…)

Tras unos minutos de susto gordo, Lamadre decide despegar la cara de la ventanilla desde la que grita a su hija que no se ponga nerviosa y corre despavorida, gritando y moviendo los brazos al viento, perseguida por Lacuñada que la imita por pura solidaridad, en dirección a la casa familiar lejos, lejos, para rescatar el segundo juego de llaves. Mientras, Elabuelo, sereno él, no de profesión sino de carácter, convence a Lamayor para que estire la manita y apriete el mando que abrirá su jaula. (Voz en off: Aplausos)

Una vez el coche abierto, Elpadre llama a Lamadre para confirmarle emocionado la liberación de su hija y decirle que deje de correr como Forrest, pero desiste al oír un politono saliendo del bolso rojo acharolado que su mujer ha olvidado en su huída, como no, dentro del coche. (Voz en off: Mitad de cuarto de risas, mitad de cuarto sorpresa, como de no ponerse de acuerdo)

Debido a esta incomunicación manifiesta, Elpadre y Elabuelo se sientan sobre el asfalto mientras tratan de convencer a Lamayor para que salga del coche, ante su negativa decidida y sistemática porque es la única del reparto que se lo está pasando teta.

Primer plano del sol que comienza a ocultarse, lo que nos indica que ha transcurrido ya hora y media desde que Lamadre iniciase su carrera, momento en que aparece ella triunfante y sudorosa, blandiendo en alto el llavero, al tiempo que observa pasmada la escena y oye los gritos de los vecinos, que asomados a sus ventanas, aplauden y vitorean poniendo fin al entremés.

Lamerienda tocaba a su fin cuando LaMinifamilia apareció en el jardín de casa con esta bonita historia a modo de excusa. Porque les queremos de un modo ciego e incomprensible, que si no pensaríamos que en realidad ya habían merendado o que les mola en exceso su aparición reiterada en blogdemadre… Si fuera o fuese esto último, que así sea. Ea.

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Pal’armario III


Elarmario de Lascascarrias. Abre y deja tu artefacto inservible.

Descubierta otra cascarria corriendo en dirección pal’armario…

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