Archivo mensual: febrero 2011

Espíritu rosachicle


¿En qué momento una madre empieza a hablar en diminutivo y no para? ¿Ustedes lo saben? Da igual lo quinqui o leñadora robusta que fueras en tu vida previa, da igual los bancos que asaltaras, lo perroflauta que fueras o lo despeluchadas que lucieras las rastas; es parir y empezar a colocar itos al final de cada palabra y rojos corazoncitos ebrigüer. Cosa inexplicable donde las haya.

Busco y rebusco la causa biológica que genera esta transformación y no la hallo, aunque intuyo que tendrá algo que ver con la misma hormona simpaticota que nos obsequia con un par de rectas donde antes moraba la curva cinturil o con la aparición del pecho de altura ombliguera.

Igualica que la estría en el muslo, esta querencia por el blandismo se nos instala fuerte en nuestra cotidianidad, acentuándose sobremanera cuando atisbamos cualquier criatura neonata, ya sea de nuestra especie o de las colindantes. Da igual que veas al hijo recién nacido de tu amiga o un pollo pelao saliendo del huevo, que a ti se te pondrá la misma cara de absurda y exclamarás las mismas onomatopeyas ridículas en mitad de tu conversación musical.

Quiero pensar que este efecto moñas procede de un reblandecimiento puramente espiritual y transitorio, fruto del inmenso amor que nos invade. Lanaturaleza es sabia y alguna estrategia debe poner en práctica para evitar que uno de los dos progenitores abandone al bebé en el descansillo o lo devuelva a la tienda tras la segunda mala noche que dé. Cuanto más grite y llore la criatura, más se acelerará la aparición estelar del espíritu rosachicle de Lamadre, exagerando desmesuradamente el candor que todas llevamos de serie y haciendo que nos dirijamos a ellos con inverosímiles términos como gorgoritamía o mipituqui, en un intento por recordarnos que son carne de nuestra carne y que no vale esconderles en el armario y luego cerrar la puerta.

Pero nuestro espíritu flower power no cesa con el tiempo y hasta lasamistades se resienten. Es norma común que losamigos de sexo masculino manifiesten su creciente desazón y desacomodo ante la transformación súbita de nuestros discursos. Años y años hablando de la cosmovisión de Nietzsche en cada comida y copa con amistades para terminar hablando de las caquitas líquidas y las grietas del pezón; hay que ver, mujer, cuánto declive intelectual y qué poco te me cuidas. Suerte que ellos sigan hablando del tamaño del pene y de las estadísticas de la Champions como siempre. Esta sociedad nuestra necesita temas fuertes y arraigados que nos anclen los pies al suelo cuando todo se mueva en nuestro derredor.

Además de monopolizarnos las conversaciones, el espíritu rosachicle también puede extenderse a nuestra forma de encarar el atuendo infantil o sus cuidados higiénicos. En mi caso debo entonar el mea culpa por perseguir incesantemente a Lasniñas con un cepillo en la mano. Ésa es mi cruz. Y la suya, claro. Tiene narices que yo, aduciendo durante años un pelo crespo y ensortijado, no me haya pasado un cepillo desde la comunión y ahora martirice a Lasniñas atemorizándolas con las imprevisibles consecuencias de sufrir un nudo en el pelo. Cuando después de peinar y peinar, y lustrar y lustrar, saco del bolsillo la horquilla, aquello ya se me descontrola y se vuelve un drama griego.

Y da igual que tengas niño o niña, ojo, que los parques públicos están poblados de niños con merceditas, media calada y bombacho a media pierna. El efecto que esto tenga en su personalidad futura, ya no está en mi mano. Yo simplemente advierto.

De igual modo, el espiriturrosismo no es exclusivo de madres, que gloria bendita da ver a padres grandes como castillos luchando consigo mismos delante de un armario empotrao, locos por encontrar la media que pegue con el boby o lanzando a sus vástagos exclamaciones tipo ¿De quién son esas manitas? ¿Eh? Ñam…Depaaapá!

Pero en el fondo no importa mucho que ahora seáis unos blandos que conducen a cincuenta en autopista y que ven con buenos ojos esos horrendos lazos con los que antes habrías hecho una fogata para calentar el salón; lo importante es que un niño, independientemente de lo que llore y dé por culo, siempre trae bajo su axila una forma más rebonita, garbosa y feliz de ver la vida.

Toma final rosáceo.

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Lamadre y Lapropiedad privada


Sopeso seriamente comprarme un traje de Batman prieto, prieto, y tirarme a la calle capa al viento para protestar por esta clamorosa expropiación de bienes a la que me veo sometida en los últimos años. Ahora que vuelve a estar tan de moda ese icono de los 80 que repartía puñetazos en escorzo y tepegoleches por doquier, reivindico mi parcela de protesta como madre por lo que considero un atentado contra mi derecho constitucional a la propiedad privada.

Y es que yo ya no tengo nada mío, señores. Nada. De nada.

Cada una de Lasniñas comenzó su andadura en este mundo adueñándose de mi útero cual okupa en busca de reducto propio. Sibilinamente fueron creciendo y desplazándome a su antojo los órganos vitales hasta hacer de mi panza su casa, o más bien su solución habitacional, que la piel es lo que tiene, tope, y como todo ser finito no da para hacer chaletes. Excepto en los Barbapapás, pero no es el caso.

Nada más nacer, me plantaron sin contemplaciones su bandera y logo propios entre ambos hemisferios cerebrales, como quien marca un territorio recién conquistado. Se adueñaron de mi mente, de mi pecho y de mis horas de sueño, que aún a día de hoy utilizan, amplían y recortan como si fueran las suyas propias. Desde la más absoluta clandestinidad estos dos micos han ganado para sí todas y cada una de la cosas que hasta ayer me pertenecían: mi coche, donde antes se podía fumar y cantar a voz en grito canciones llenas de tacos en las que no había ratitas, burritos ni perritos; mi cama, donde antes dormíamos dos y ahora descansa más gente que en una peli de Lucía Lapiedra (oye, hay que ver que apellido tan BdM tiene esta chica); mi cuarto de baño, mi bolsa de las pinturas, mis pinzas para los rulos, mi brújula biomagnética, mi espada láser …

Pero si han hecho suyas hasta mis ilusiones… (Opino que si se lee con cierto tonito drama y se rasga uno la camisa, quedará más pinturera la aseveración)… que ayer sin ir más lejos, al ir a recoger a Lamayor del colegio, pasé por un local comercial todo vendado, con un cartel en la puerta que decía “Próxima apertura: FRUTERÍA” y di un tremendo respingo como consecuencia de mi alegría y felicidad. ¡Una frutería! Si me dijeras que es un pub irlandés donde dan cerveza gratis y los partidos en abierto todavía, pero ¿una frutería? Pues allí estaba tan divina yo, imaginándome corriendo a cámara lenta con vestido blanco, los rizos al viento y una cestita en la mano, yendo todas las tardes a por fruta fresca para hacer la macedonia. Amosque.

Lasinrazón ha llegado a tal extremo que ya ni siquiera mi pollo es mío. Daban las dos en el reloj cuando sacaba yo del frigorífico una suculenta pepitoria, experimental pero la mar de digna, y al ir a depositarla con mimo supino sobre el plato, vi aparecer como de la nada las dos manitas de Lapequeña que prestas lo desmenuzaron todo con la mismitica destreza de una experta sexadora de aves de corral. Y entiéndame, aunque mis tripas lancen crujidos sonoros y patéticos lamentos, ella me mira con esos ojitos divinos, me pone morritos, me dice tres gugús y termino dándole todas las mollas tiernas mientras yo quedo pensativa y triste, lamiendo las tabas en mitad de mi soledad y mi hambruna.

Pudiera parecer que más que una expropiación se trate de una cesión voluntaria de enseres y pensamientos; pudiera, pudiera, no les digo yo que no. Pudiera ser que yo, en total connivencia conmigo misma y con el inmenso amor que les profeso, me dedique a regalar a diestro y siniestro prebendas y privilegios a mis criaturas sin importarme un pijo anteponer su bienestar al mío. Cierto es, no puedo negarlo. Pero déjenme penar y padecer un rato con ustedes, anden, porque en el fondo, y aquí viene otro claro ejemplo de la bipolaridad materna, a veces siento que he cedido ya tanto espacio que a poco que me mueva me verteré por alguno de los lados.

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Reflexiones a pachas I: Cosas que dejé de hacer tras ser madre


(Conversaciones maternales sin fundamento con otra mujer, madre y, a la sazón, persona, muy versada en este arte de no saber de nada…)

Blogdemadre: Dejé de depilarme a menudo. No hay tiempo. Ni ganas. Si no fuera por las sesiones de láser que religiosamente pagué, hoy por hoy tendría la epidermis igual de poblada que Chewaka. Lo mismitico.

Accidentalmente: Depi…¿qué? Yo todavía sigo intentando cerrar una cita en algún sitio para someter a mi cuerpo al láser más destructivo que haya, tipo rayos catódicos en los que aparezca Belén Esteban, que me evite volver a pronunciar esa palabra. La última vez que lo intenté me echaron con malas artes acusándome de insensata, y de ignorante, por plantearme algo así mientras daba el pecho a mi criatura. Debe ser que a mi niña le gustaba agarrarse a mi cuerpo velludo mientras comía….

Es imposible ver en casa una peli de dos horas del tirón… (Lo del cine es todo un lujo para el que hay que organizar la agenda de dos o tres familias , el calendario de un ministerio, y poner un anuncio en el BOE, así que descartado desde la raíz hasta las puntas). Este fenómeno puede deberse principalmente a dos causas: a) Los miniseres lloran o ronronean o se tiran algo encima e interrumpen la emisión en plan agentes encubiertos de la censura,  b) Te quedas sopa en los títulos de crédito, incluyendo hilillo de baba en cascada sobre cojín. Voto por la b, y sumo la b de bodrios con los que, a veces, nos autotorturamos, por no ser capaces de estirar el brazo y darle al ON del disco duro en vez del mando de la mardita tele…

No he vuelto a meterme las pajitas del McDonalds en la nariz para hacer la morsa y pasar un ratico chisposo. Si Lasniñas te ven – me digo – te imitarán y te pasarás los próximos seis meses de tu vida en el mostrador de Urgencias por rotura de venita nasal diversa. Sí, bastante tienes ya con mantener una vigilancia 24 horas, que ni prosegur ni leches, y aún así en el micronanosegundo en el que te despistas para sacar la comida del fuego, para cerrar el grifo del baño, o incluso para pestañear, nosésabecómo pero ya se ha tropezado con su propio pie y se ha comido el quicio de la puerta. Como para darles ideas…

He dejado de hablar por teléfono cuando, donde y como quiero. Ahora hay que coordinar los horarios de tus hijos con los horarios de los hijos de tus amigas y, al menos yo, tengo prohibidísimo, bajo pena de muerte como poco, que me llamen al fijo, pasadas las diez de la noche. Aparte de que el ring-ring despierte a las fieras corrupias, el problema es que a las diez el cerebelo está tan espongiforme y abatido que la conversación se termina reduciendo a un tipo test, en el que tu amiga pregunta y tú contestas con monosílabos que asienten o niegan lo que oyes. Si te callas un rato largo ella sospechará que no tienes opinión o que te has quedado frita cual narcoléptica anónima. Pero es tu amiga y te quiere, hombre.

Desde hace tres años no me he echado vaselina en los labios con calma y tranquilidad. Tengo que hacerlo a escondidas, bajo el abrigo, darme la vuelta, esconderme tras las macetas; si me ven, meterán el dedo en el bote y harán hoyos tan profundos como cráteres. Luego tendré que recomponer el firme como Pretty Woman tras el partido de polo. Pues sí, lo de comerse la vaselina, el cacao, las barras de labios, el rimmel… es de juzgado de guardia, espero que al menos sean nutritivos y sustitutivos de alguna comida principal, como las barritas de cereales y esos inventos.

Ejercicio. Mi momento más activo del día es cuando subo las cuestas de mi barrio empujando el carro de mi hija para llevarla a la guardería. Llego sudando, eso sí, y aprieto mucho el culo mientras subo, que dicen que es lo bueno. Hay que ser ladina y aprovechar momentos furtivos. Sentadillas al recoger las plastidecor del suelo, pesas al levantar a Lasniñas en vilo cuando montan drama en plena calle, 100 metros obstáculos salón-cocina para evitar que se metan en la lavadora y cierren la puerta, pilates y estiramientos al perseguirlas por el sofá…Es todo un mundo esto del ejercicio materno.

No he vuelto a ir a un restaurante sin preguntar antes de sentarme “¿Tenéis trona?” Lo hago incluso cuando voy yo sola o con amigos cuarentones entraos en carnes. Que la carita de no entender del maitre es para verla…La trona, el baño con cambiador, el teléfono para emergencias, si tienen plastidecores y papel para jugar, si hay globos para que la niña se entretenga… ¡Lo de menos es la carta!

Ya no pretendo tener orden en casa. Es virtualmente imposible controlar los juguetes de mi hija, y he terminado deduciendo que, no sólo tienen vida y conciencia propia, sino que además tienen un malvado propósito oculto en sus diminutos cerebros de plástico que es extenderse por mis suelos, invadiendo cada metro cuadrado, y que como escaladores en la carrera de los ochomiles, van plantando su banderita y proclamándose dueños y señores del territorio inexplorado del baño, el pasillo o el patio. Ojo, esto entra dentro de lo paranormal. Creo que Supernani debería establecer una joint venture con Iker Jiménez para tratar de explicar porqué las barbies tienen esa querencia a meterse bajo tu cama o porqué siempre hay algo con ruedas en el suelo que te hace tropezar y cagartentó cuando vas con prisas.

No he vuelto a tener intimidad ninguna, ni una pizca, mínima, pequeña y chirriquitica; ni muchísimo menos he vuelto a pretender cerrar el pestillo del cuarto de baño cuando me ducho o hago pop-ó. Las patadas, puñetazos y gritos al otro lado de la puerta me asustan mucho. Sé de un bebé que llegó a arrancar la puerta de las bisagras con sus manitas y se coló dentro, ante la atónita mirada de una señora, que ni siquiera era su madre. Es genial que tus criaturas te observen mientras te acicalas, o te duchas, o esas cosas que se hacen en el baño. Al menos así no te aburres y así le puedes ir explicando la bonita teoría de la relatividad, el porqué de la existencia humana o si hay Dios allá en el otro mundo.

He dejado de comprar lencería de la buena porque ya no la luzco!!! He tenido que obligar a los reyes magos a regalarme estas navidades un kit de supervivencia consistente en unas cuantos conjuntos dignos y presentables, que no sabe una cuando va a tener que ir al médico, todos igualitos, de algodón y sin encajes ni transparencias, ni leches de esas sexys, y por favor cero costuras y cero mondadientes, que no tiene una el cuerpo para estrecheces…Comotentiendo! Yo estoy pensando reunir todos mis tangas y hacerme una colcha. Qué penita. Qué poco rendimiento y vida útil…Por no hablar de los saltos de cama de tacto sedoso arrinconados y sustituidos por el pijama de franela y la media rodillera. Cuánta desazón.

He dejado de leer. Snif, snif. Ni libros, ni periódicos. A lo máximo que llego es a los cinco renglones de las propiedades del champú, en español y portugués, mientras no haya nadie dando patadas a la puerta del baño. Ay qué tristeza más gorda me acaba de invadir… Mientras no te invada el espíritu del Señor Potato, aún queda esperanza. Siempre nos quedará la jubilación para leer en la consulta del médico, con cataratas y vista cansada, mientras nos contamos los achaques y nos enseñamos las fotos de los nietos.

¿Señor Potato? …. Mmmmm.. ¿Ein? Otro día. Se me quema la cena.

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Manifiesto libertario


…Quién lo iba a decir, Quevedo convertida en madre profesional – oí que decía ayer un amigo en una de esas comidas multitudinarias semejante a las paelladas de pueblo cuya grasa sólo sale a golpe y chorro de fairyultra.  Dos postres, copa y puro después, no fui capaz de discernir si debía agradecerle el comentario con unas palmitas o levantarme y estamparle el suflé en la calva, para despiporrarme a renglón seguido viendo los churretes resbalar mentón abajo.

Armada de valor y unos orujos intenté explicarle entonces el significado de las palabras excedencia, pausa, kitkat  o paréntesis laboral, pero desistí en cuanto vi cómo se hurgaba la nariz con el dedo y sonreía susurrando Milanabonita…Cuánto daño ha hecho el licor de dudosa procedencia a la juventud de este país, madremía.

¿Ser madre profesional será malo? – me dije entonces a mí misma con la mirada perdida en la lontananza. ¿Ser minera, trapecista, horticultora está bien, pero ser madre no? Nontiendo. Yo fui criada por una madre profesional y mirad cuán rebonita he salido, cierto es que tengo algunas carencias y desajustes pero dudo mucho que deban ser achacables a la profesión de mi madre más que a mi extraña forma de entender el mundo.

Abandonar una profesión que te hace llorar diariamente hasta llegar a anhelar la calidez y confort de los potros de tortura medievales, para ver crecer a Lasniñas y no perderte ni uno solo de sus mocos y sus gritos, no creo que sea para avergonzarse. Es para ingresar en un frenopático por acumulación de tensión emocional, cierto, pero ya hace mucho que comprendí que no se puede tener todo en esta vida.

Mientras, en lo que voy y vengo, me repatea sobremanera la zona lumbar aquellos comentarios de tonito porculero tendentes a juzgar todo lo que una hace con su vida y milagros, aunque el camino escogido haya sido ampliamente consensuado con la pareja, los hijos, el perro, la portera de la finca y el director de la sucursal.

Si te dejas los ovarios desperdigados por esas salas de reuniones de dios hasta altas horas de la noche y llegas a casa cuando ya no hay nadie a quien bañar, ni acostar, ni cantar, malo, porque demostrarás ser una malamadre sin corazón y tus hijos se criarán salvajes y asilvestrados sin nadie que les quiera, ni perrito que les ladre.

Si por el contrario decides parar tu carrera durante un tiempo para poder recogerles del colegio cada día y llevarles al pediatra si procede, sin que tus compañeros de despacho te lancen miradas asesinas o RRHH ponga precio a tu cabeza, peor, porque entonces serás una malamujer sin vergüenza ninguna que pisotea y se mofa de la memoria de cuantas luchadoras la precedieron y ganaron derechos para su uso y disfrute.

Te queda la opción intermedia de decidir pública y voluntariamente bajar el ritmo laboral desde la misma silla de tu despacho, reducir jornada o salir a tu hora y negarte a llevar trabajo a casa. Si es así, felicidades, pasarás entonces a formar parte de ese afortunado grupo de licenciadas trilingües con dos masters que mejor pegan los sellos.

Sea cual sea la opción elegida, tranquila, siempre tendrás a tu espalda alguien dispuesto a juzgar sin descanso y a talarte con su afilada lengua el árbol sobre el que, pajita a pajita, construyes diariamente tu nido dúplex con plaza de garaje. Ya sabemos que de envidiosos, criticones y seleccionadores de futbol en potencia tenemos el país lleno. Hasta que se cansen y encuentren nuevas ventanas que apedrear, yo tiro recto y a lo mío, que como dijo mi sabio padre en cierta ocasión a un desconocido algo faltoso que se carcajeó de su camisa de palmeras: Si ésta no te gusta, amigomío, en el armario tengo alguna más que también hace reír a los gilipollas.

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Al fondo hay sitio


Tengo una amiga rellena dando a luz en el hospital en tres…dos…uno…bomm…bá!…

Ello me ha traído reminiscencias nostálgicas de esas bonitas estancias hospitalarias por propio parto donde familiares y amigos van a echar la tarde a tu habitación, cargados de besos, bolsas de altramuces y preguntas extrañas… Uff, casi no llego. ¿Cómo ha ido todo? ¿Qué todo? ¿El parto, hija, el parto? Tía Milagros, que aún no he dado a luz, no me ves. Ah, vale, vale, pues me voy, hija, que no quiero molestar. Pero no se va. Nunca se van. Se quedan en el pasillo haciéndose las despistadas y mimetizándose con el entorno hospitalario para ver si a la mínima pueden pillar al médico de las barbas, hacerle un ippon, tirarle sobre el tatami y conseguir alguna que otra actualización sobre el estado de la paciente.

Lo cierto es que casi todos los familiares son de naturaleza algo terca en esto de las visitas a parturientas. Deben pensar que darás palmitas de emoción cuando todo el mundo te vea las cachas del culo a través de esa horrible bata con abertura en canal en la trasera, como si no fuera suficientemente bochornoso y humillante que cada médico, enfermero, camillero y/o quiosquero que pase por tu pasillo te meta la mano hasta el hombro para ver si ya has dilatado y ponga gesto de fastidio calculando con los dedos cuándo llegará la próxima luna llena.

No parece ése suficiente castigo, no. Cuando tu camilla llegue a la habitación contigo dentro, exhausta e incapaz de contener la tiritona porque ni un mal braserito colocaron en el paritorio, y el celador abra la puerta para dejarte paso, cientos de cabezas asomarán el flequillo al grito de ¡Sorpresa! como en un improvisado flashmob.  Allí ya hay más gente que en la guerra, tú, y a ti te acaban de explotar tres venas del cuello en el último empujón; la verdad, no creo que estés presentable. Otra opción es que te acaben de coser en puntopelota una incisión de 10 milímetros sobre el pubis, a través de la que ha salido un cuerpo humano con su cabeza, sus hombros y su todo, dejándote desmenuzada e incompleta como una Sigourney Weaver sin alien dentro, válgame la similitud. Sea lo que sea lo que haya acontecido, dos horas después del evento ya deberás estar graciosa, hermosa y lustrosa para que se pase por tu habitación desde la Junta Municipal de Gobierno hasta el coro góspel de tu pueblo.

Pero no hombre no, cuánta sinrazón, que yo hacía diecisiete años que no veía a mi tío Agustín, y allí se me esposó a los pies de la cama, lagrimando por lo bonita que era Laniña y comiendo pastas como Triki, y no hubo forma de echarle hasta que sirvieron la cena y vio que sólo traían plato para mí.

Que vayan a verte tus amigas en cambio mola, porque normalmente van voladas, llegan, te tiran un beso, sueltan una lágrima…y corriendo de vuelta al curro. Peor es cuando das a luz en fin de semana o víspera de fiesta y se pasan por el hospi antes de irse a cualquier actividad lúdica grupal. Toda tú mustia y agotada, luciendo la consabida bata de flores, y ellas todo glamour, a golpe de blazer y peep-toe, oliendo a Chanel desde el pasillo. No hay color. Ni decoro. Ni compasión. Ni nada. De nada.

Si son amigas Conhijos las que van a visitarte y por cualquier descuido se olvidan de dejar Alniño en casa y le traen consigo adosado a su cuerpo, la escena ya puede ser de traca. Sumayor tratando de morderle la mano a tu recién nacido con fruición animal o bien pellizcándote los dedos de los pies aún insensibles por efecto de la epidural, mientras Sumadre, y a la sazón Tuamiga, lee el Hola en el sofácama y se hace la dormida y/o la muerta con el fin de poder disfrutar de breves instantes en paz cerebral. Pobre…

Cuando el parto sobreviene de noche, las visitas mañaneras se soportan de forma aún más regulera si cabe, porque entre el desfase horario y el desequilibrio hormonal, tu cabeza viene a ser lo mismitico que un sonajero. Lloras, ríes, tenfadas, gritas, cantas, cuentas chistes…quien haya entrado en un bar rebosante de humo de cannabis y haya observado el comportamiento de los que en él moraban, sabrá de qué le hablo y me apoyará sin dudarlo.

Si bien a ti te aporta algo de desequilibrio, la llegada de cualquier visita es esperada con ansia e ilusión desmedida por el padre de la criatura, que aprovechará la ocasión para salir a estirar las piernas, ir a casa a ducharse, acercarse a aprobar una oposición o lo que sea que surja. Con tal de salir breves instantes del zulo hospitalario los hay que argumentan la urgencia de llevarse alguna de las plantas y ramos de flores recibidos, todo por el bien de las reservas colectivas de oxígeno no vaya a ser que se desate una alarma sanitaria y luego os pidan cuentas. Un ramito o dos está bien, compañeros, pero convertir la habitación en una franquicia de un diseloconflores.com es del todo innecesario e insano y considerado derroche en siete estados. Luego te verás obligada a ir a ofrecerle todos los ramos a la Virgen de La Almudena, como si en lugar de tener un hijo acabaras de ganar la Copa de Europa, cuando tú en realidad sólo quieres irte a casa para empezar a padecer en solitario.

Ja! Que te lo has creído!. Hasta casa se desplazarán todos los familiares, amigos y contactos de facebook que no hayan llegado a tiempo de ir al hospital. Como resultado te pasarás el siguiente mes sentada en la mecedora viendo a la gente pasar a saludarte como si fueses un rey mago en un centro comercial.

Que digo yo que con el auge de las nuevas tecnologías, redes sociales y nuevos canales de información bien podría organizarse visitas virtuales al nido como hace Idealista o en su defecto instalar Skype en cada habitación para que los nuevos papás pudieran dar a conocer el miniser al mundo global mientras las visitas profesionales se quedan en casa pelando judías verdes y viendo cine de barrio. Tan agustico todos, oye.

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Buenas, me llamo Eva, soy Madre y soy inmortal


Ilustración "Ve hacia la luz" de La Princesita http://meriprincesita.blogspot.com/

Ésta bien podría ser mi presentación formal ante un cónclave secreto de Madres Reaccionarias que se reúnen en algún oscuro sótano cada jueves, con bata de boatiné, rulos térmicos y zapatillas con borlas, para juntas castañetear dientes y ponerse malas de sólo pensar en abandonar esta dimensión dejando los deberes a medio hacer. ¿Irme y dejar a Lasniñas aquí y no verlas crecer, ni echarse novio ni hacerse un pearcing?, ¿Estamos locos, o qué? Pero si hay días que incluso me voy a regañadientes al cine porque al llegar ya estarán dormidas…

Decidí ser inmortal la semana pasada mientras me sometía voluntariamente, bueno casi, a una resonancia de rodilla. Este cuerpo mío no debió asimilar demasiado bien los catorce kilos de vellón con que le sorprendí en el último embarazo y la fila de abajo del inmenso castellet en que me convertí sufrió algún que otro pequeño destrozo por sobrecarga en la zona del menisco y adyacentes.

Tumbada dentro de aquel cilindro espacial, sintiéndome como el relleno humano de un tremendo canelón, de repente me invadió un miedo pavoroso a que mi cuerpo decida estropearse antes de tiempo y un día nos dé a todos un mal susto. Tengo muchos planes para él así que su emancipación voluntaria y escisión de los planes familiares me ocasionaría gran disgusto.  Antes, cada vez que me rondaba la idea de la muerte jugueteaba con ella con esa vena a medio camino entre el morbo y el melodrama que todos sufrimos alguna vez, pensando en ella como el que abandona una fiesta y sale a la calle a ver si pilla un taxi: Oye, que me lo he pasado estupendamente pero que se me va haciendo tarde y ya sabes tú cómo son estas cosas. Muac, muac, que si eso ya nos vemos en otra ocasión…

Todo en regla, todo en orden, empaqueto y me voy.

Pero ya no.

La verdad es que decidí ser inmortal así, de repente, porque en el fondo de mi ser habita una profunda vagancia, despeinada y sumamente modorra, y morirme me acarrearía demasiado trabajo de organización previa. Tendría que grabar uno de esos vídeos caseros contándoles a Lasniñas los sinsabores de la vida en un intento egoísta por seguir aquí y que no se olviden nunca de mi cara; confeccionar un bonito álbum de fotos, momentos y flores secas en lugar de tenerlas distribuidas toscamente por carpetas en el interior del portátil; seleccionarles entre un amplio casting una madrastra mona y salada que no esconda disfraz de bruja y que las quiera mogollón, les cepille el pelo sin tirones y recuerde que no les gustan los rollitos de pavo con queso dentro; tatuarle a Marido mi nombre y foto de perfil en la nalga izquierda, en caligrafía elegante y lustrosa, capaz de sorprender gratamente a toda aspirante a madrastra mona y salada que pase por allí… No sé…tendría que hacer tantas y tantas cosas…

Una vez decidida mi inmortalidad la considero inamovible, les advierto, que no tengo yo por costumbre cambiar de idea así como así ni someter mi juicio interno a consejo ajeno. Pregunten si no me creen.

Quizá por desconocimiento tomen ustedes esta decisión mía como un rasgo de carácter prepotente, bien rayano en la vanidad más absoluta o en el gusto insano por la mezcla de psicotrópicos y anís del mono. Pero nada más lejos. Aunque se me tunee de orgullo, esta afirmación no es más que el fruto de la más grande de las cagaleras, aquella que llega tras la súbita relajación de esfínteres que provoca Elmiedo. Me aterra irme y no formar parte de sus vidas, ni de sus guerras, ni de sus partidas de parchís. No quiero. No, no y no, y no me da la gana.

Sé que este recurso a la pataleta de poco escudo me servirá llegado el momento, cuando algún esqueleto esmirriao y asido a una guadaña de lo más tosco y rural me invite a echar unos bailes lejos, lejos de aquí; pero no sé hacerlo de otra manera. Este gusto mío por prometer imposibles quizá sea el responsable directo de que siempre pierda los órdagos a grande y acabe los muses con un lastimero “uppss” o de que enamorara a Marido allá por mi juventud, asegurándole que sería capaz de encender fuego en una isla desierta, sin más aparejos que un par de palos y mi férrea voluntad.

Morirme no entra en mis planes, a dios pongo por testiga. Antes tengo que hacer muchísimas cosas y, la verdad, no tengo horas en el día pa’ tó.

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Salidas nocturnas… y no miro a nadie


Es viernes noche y toca salir. Yuju. Déjate de cines, déjate de cenas en casa de amigos; salir, salir, lo que viene siendo salir. Salir de juerga, de marcha, de fiestuqui, algazara, algarabía, desenfreno, jolgorio, festín, orgía…Vale, quizá tanto no, pero veo que me siguen.

Este tipo de salidas en las que media cierta actividad nocturna outdoor y premeditación sibilina tiene dos versiones claramente diferenciadas. Puedes salir con o salir sin…

Si decides salir SIN y dejar a Marido en casa ya sea leyendo Laodisea de Homero o viendo un apretadísimo Ponferradina – Alcorcón, con Lasniñas ya acostadas y la mano asida a un litro de Duff y unas Ruffles, seguro que te lo agradece sobremanera e igual te debe un favor, canjeable por un “hoytulasbañas” cualquier día de éstos. Entonces correrás al armario a ponerte esa cazadora con tachuelas de los Back Street Boys que guardas desde el 93, en la misma percha que los vaqueros nevados y los Liberto verdes. Al comprobar que cualquiera de estas prendas se te adhiere al pellejo como un film, haciendo que tu cuerpo se asemeje en lo compacto a un kilo de azúcar, optas por algo más vaporoso y con tirantes, tipo Nochevieja, que te recuerde que sigues teniendo piernas, aunque luzcan llenas de cardenales. Unos pinchos, unas cervezas, un grindish bor dodoz loh gue mos venío, unas canciones de Bananarama improvisadas a voz en grito y de repente algo te hace clic. Temiendo que sea una cinturilla estallada que no pudo más con su tirantez, respiras aliviada cuando entiendes que sólo ha sido una revelación… Por increíble que parezca, hace apenas tres años que has dado a luz y sin embargo te sientes como si Doc Brown te acabara de abrir la puerta del De Lorian. Lo que se abre ante ti es un universo paralelo, extraño, lejano y desconocidiiiisimo…

¿Y ahora, cómo se baila? Preguntas tratando de acompasar tu cuerpo con la música en un intento de no parecer una cucaña ¿Aquí pondrán chupitos?, ¿Por dónde suele salir ahora la juventud?… Eres como un Gurb despistado y atónito, observando el comportamiento humano ajeno a todo e incapaz de pronunciar frases que no comiencen por un “cuando yo salía….” Cuando yo salía no había tantos vasos de sidra… Cuando yo salía se podía fumar en los bares…

Siempre hay un momento en que se te acerca algún socializador y se la juega en las distancias cortas susurrándote un varonil ¿Tú no vienes mucho por aquí, verdad? Yo nunca olvidaría esos ojos…Ay, virgencita, si es que no cambian el repertorio ni amenazaos. Te habla de su trabajo, de su bla bla, bla y tú sonríes y piensas, Criatura, como me desabroche un botón y te enseñe el enganche del sujetador de lactancia se te van a caer los palos del sombrajo… Bueno, y tú a que te dedicas, cuáles son tus sueños – continúa él, ajeno a todo… Pues yo básicamente hubiera preferido que no se me saliera el ombligo en cada embarazo, la verdad…pero por lo demás bien… Atónita compruebas cómo huye despacio haciendo el moonwalker mientras te dice adiós con la manita y te deja en calma cerebral preguntándote por qué demonios no supiste antes de lo efectivo del chascarrillo.

A eso de las tres, algún amigo caritativo te meterá en un taxi con tu dirección escrita en una servilleta de papel enganchada al pelo con una horquilla y acto seguido amanecerás en tu cama con unas enormes legañas negras y  algún hijo saltando encima de tu dolor de cabeza, mientras Supadre sonríe victorioso desde la puerta de la habitación.

La versión CON de esta historia, si es que consigues arrancar al padre de las criaturas el mando de la tele de la mano sin llevarte jirones de piel y arrastrarle a algún lugar concurrido, comienza con una escena similar a la anterior, pero sin necesidad de vestirte de quinceañera adicta al cosplay. Un poco de laca añadida al look de siempre, algo de gloss y a correr. Antes de salir de casa, besarás a Marido en la puerta como si fueseis al baile de graduación. Él te mirará embelesado, con ojos de animalito enamorado al tiempo que espetará ¿Quetasechao, pringas!?  Pero no te enfades, mujer, que tampoco te dice nada cuando luces marcas de mocos secos sobre los hombros o pegotes de puré de patata en las puntas del flequillo. Ni juzga ni piropea, ni para bien ni para mal. Asúmelo.

Si salís con amigos Conhijos, las primeras dos horas de reunión girarán en torno a ellos. Es inevitable, abandónate y no te resistas porque si no parecerás una agria que sólo quiere ocultar información. En caso de salir con amigos Sin, procurad suavizar el tema no vaya a ser que se desanimen, no procreen y en unos años no tengamos a nadie que nos pague las pensiones.

En mitad de la noche mirarás a Marido y te darás cuenta del buen culo que le hacen esos vaqueros, mucho mejor que el chándal de tres rayas de estar por casa. En un alarde de valentía quizá os echéis un baile agarrao, pero ojo que se trata de recuperar la pasión, no de ver quien llega antes al mostrador de Traumatología. Si os invade el susto o no tenéis linimento en casa, también podéis marcaros un pasodoble de plaza de pueblo, de esos en que ambos miran al horizonte y bien podrían estar bailando contigo o con Batman que ni se darían cuenta.

Si la noche fluye y sale buena quizá podáis echar el resto en uno de esos sitios de bailar hasta muy tarde, encomendándoos primero al buen hacer de Lanana y confiando en que mañana sea capaz de lidiar ella sola con los miniseres sin dejar que se acerquen a menos de dos metros de la puerta de la habitación. Si la noche sale aburrida en exceso, Losniños son una excusa perfectísima para largarte viento en popa a toda vela, aduciendo ansiedad y temor a un despertar temprano.

En cualquiera de los dos casos, con o sin, no olvides hacer muchas fotos y etiquetarte en ellas sin pudor. Nunca sabes cuándo te prestarán de nuevo el De Lorian para rememorar viejos tiempos o si en el peor de los casos habrá que esperar a ir al Weddings a que se te case un primo y bailar Los pajaritos mientras baja la tarta del techo.

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