Archivo mensual: enero 2011

Dejémoslo en Casiperfecto ★★★★☆


Todos lo hemos hecho alguna vez, reconozcámoslo; respiras hondo, sacas pecho, miras al infinito, sonríes bobaliconamente y, mientras notas el hilillo de baba en cascada barbilla abajo, piensas: Miniño es superdotado.  

Lo sé, soy Sumadre ¿Cómo no iba yo a notarlo?… Pero no, no pienso someterle a esa batería de pruebas especiales porque seguro que le torturan entre partituras de Haendel, construcciones tridimensionales y logaritmos neperianos, estimulando sus pobres hemisferios cerebrales hasta el paroxismo, antes de encerrarle en una jaulita y darle de comer zanahorias. Lo hago por su bien, mejor que pase inadvertido entre la informe masa monocromo que conformamos el común de los mortales…

Y como no te puedes ver callada, seguirás….

A veces me planteo que las cosas que hace no son normales para su edad. Os diré que hace puzzles sin ayuda desde los dos años, cierto que los puzzles que hay en casa tienen sólo tres piezas pero son muy conceptuales – presumirás ufana ante Losamigos. Y no es que yo lo diga – continuarás enfangándote – que es algo real, que Elniño canta canciones con letra desde los dos años y se sabe enterito el único cd de los Cantajuegos que oye veinte horas al día, taladrándose a sí mismo el cerebelo con las canciones, como si fuese un agente de la CIA obligado luego a quemar el papel.

Harta de toda la incomprensión y aislamiento que da ser la responsable de algo tan especial, buscarás como las locas bibliografía a golpe de clic; algo que te deje tranquila y dé sustento a tu teoría. Entonces encontrarás un enlace a un artículo del Dr. Emmett Longbottom, de la Universidad de Milwaukee, que clarifica en algo el tema a través de siete ítems a valorar seriamente si se quiere desenmascarar al cerebro privilegiado.

¿Dijo tu hijo su primera frase antes de los doce meses? – pregunta él. Si la frase es “Amá ggggg tiquitiqui” no cuenta – te digo yo. Debe ser algo con sentido, tipo “La esperanza es el peor de los males pues prolonga el tormento del hombre”. Entonces sí, qué susto, házselo mirar.

¿En el colegio tu hijo es algo retraído y juega solo en el recreo? Prueba a quitarle esos calcetines calados, las merceditas de terciopelo y a enseñarle a que se suene solo los mocos y ya verás cómo los demás niños querrán jugar con él un rato.

¿Mantiene una conversación entre los 18 y 24 meses con vocabulario impropio para su edad? Si te dice “Un poquito de por favor” o “No me vas a grabar más” no es que sea un genio, simplemente está viendo mucha televisión. Bájale más a la calle, mujer.

¿Tu hijo duerme poco?  No me jodas, Emmett, ésta no vale, no seas cruel, que Lasmadres tenemos más actividad nocturna que Pocholo.  

¿Tu hijo es enérgico y confiado en sus posibilidades? Que no, que no, que se trata de otra cosa, eso que estás pensando sólo indica que es terco y cabezón como su padre.

¿Se aburre en clase porque sus capacidades superan los programas de estudio convencionales? Ja! Esa frase la inventé yo de niña y en mi casa nunca coló, espero que contigo haya más suerte.

¿Tu hijo tiene gran iniciativa e imaginación para juegos nuevos? Si juega contigo a El Kiosco, te vende cosas imaginarias y luego te las cobra, tu hijo no es superdotado, ni siquiera emprendedor, es un agarrao. 

Pero vamos, da igual el test o el ranking del que hablemos, si tú estás decidida a pensar que tu hijo es especial, nada ni nadie podrá impedírtelo. Y yo sé porqué, que me lo ha contado Emmett. Resulta que las partes del cerebro que habitualmente funcionan para emitir juicios negativos y críticos sobre otros, el córtex anterior cingulado por ejemplo, se desconectan cuando uno mira a la persona amada. Y juro que no es coña, que medocumentao…

Y es que algo misterioso nos pasa cuando queremos a alguien que tendemos a exagerar en demasía sus puntos positivos y a esconder como pelusas bajo la alfombra los negativos, excepto en el caso de las panaderas y las porteras de edificios, que sean o no madres, siempre te dirán aquello de qué mala carita traes hoy, hija, independientemente de la confianza que les des y de las capas de maquillaje con que te hayas barnizado ese día.

Así que si esto es así incluso cuando comentas a voz en grito las bondades de Tumarido/a, obviando ronquidos, bruxismos, desplantes y otros penares…cuánto no se te cegará el frontispicio al hablar de tus retoños, esos cuerpitos que tú misma fabricaste con tus manitas y tus abalorios hasta convertirlos en los maravillosos seres que son hoy.

Como consecuencia de ésta mi investigación, he decidido desenchufarme el córtex anterior cingulado ése cada mañana cuando me mire al espejo y salir a la calle sintiéndome la reina de los mares y queriéndome una jartá, que últimamente tengo tanta gente a la que querer que a veces me olvido de saltarme la cola Because I’m worth it, hombre ya…

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Síndrome de la incubación


En este nuestro espacio de hoy, amigos y amigas de mis entretelas, vamos a tratar un tema peliagudo y piriforme, algo eminentemente masculino que dista mucho de ser una pelota de fútbol o una lata de cerveza, lo digo por no generar falsas expectativas. Con ello pondremos a salvo de una vez por todas, la decencia y calidad moral de cuantos padres conocemos. Hombre ya.

Se trata del Síndrome de la incubación que afecta al organismo de los futuros padres mientras asisten expectantes a la llegada de un miniser. Consiste básicamente en la acumulación de síntomas solidarios con la gestante tales como el crecimiento abdominal, la angustia, el mono nicotínico, las nauseas y algún que otro trastorno emocional más.

Frente a la mujer en estado, el hombre pasa a un segundo plano, haciéndose borroso para amigos y familiares que juegan a despistarle e ignorarle por completo. En consecuencia se siente solo. En lugar de irse a su habitación a jugar a los clics y dramatizar sobre su reciente invisibilidad, el hombrepadre decide implicarse y mimetizarse con su entorno, adoptando costumbres y quejas típicas de la futura madre. Por ejemplo, los antojos. Es muy común que al futuro padre se le antoje salir escopetado los sábados noche a jugar al mus con sus amigos mientras la mujer se queda varada sobre el sofá mirándose embelesada la panza y preguntándose cómo demonios conseguirá hacer factible el equivalente pélvico a expulsar una sandía por la nariz. Tras la segunda copa y justo antes de envidar a pares, él también se lo pregunta, vaya que no,  y seguro que si por él fuera, entraba a buscar al miniser para hacerle salir pacíficamente, pero no se ve capaz y se retrotrae. Lógico.

Otro ejemplo claro es el insomnio. Tumbado mirando al techo cuan largo es, se sentirá incapaz de pegar pestañas en toda la noche ante lo inconmensurable del roncar ajeno. El diafragma de la embarazada, sobre todo si ésta se halla en el último trimestre de embarazo, tiende a espachurrarse contra todo órgano que pilla, debido a la presión que ejerce la bolsa que alberga al calentito miniser. Por ello y sólo por ello, esta bendita terminará produciendo unos sonidos guturales la mar de incómodos y desacostumbrados en su dormir principesco. Si el hombrepadre es clemente (ojo que seguimos sin hablar de fútbol) y consigue no despertarla enfurecido al grito de yastabien, mari, pordiosss, ya se ocupará de ello su futuro hijo/a con una oportuna patadita en las costillas. Desde ya hacen equipo, vete acostumbrando.

Dejar de hacer ejercicio, hincharse a bizcochos y yayitas con chocolate o zamparse unos colacaos desproporcionados después de cenar son otras de las consecuencias de este curioso síndrome solidario. Si engordas quince quilos es normal que el hombrepadre engorde otros tantos, si tenemos en cuenta que os pasáis la noche ambos dos mano a mano con el maxicubo de palomitas y el helado de cheescake. Cuidao que vais a explotar, criaturas.

De igual modo solidario intentará ayudar a Lamadre en el proceso de preparación del nido. Mientras ella compra patucos y bodies como si sufriese un tic nervioso, además de todos los artículos de celulosa del mercado, más cuna, cambiador, primera puesta, alcohol para el cordón y siete cajas de gasas, él se ocupará del coche. Cambiar el coupé tres puertas por el familiar es ardua tarea y conlleva un desgaste emocional que no todos superan con entereza. Notescondas, hombre, que lagrimillas se le escapan al más pintao.

Algunos padres llevan esta empatía tan al límite que creen sufrir del mismo modo los pesares, tormentos y otros dolores con que la madre naturaleza premia sólo a las mujeres. Sé de uno que a la mañana siguiente del parto, mientras ella apretaba los dientes y rezaba porque algún ángel bondadoso dejara caer sobre su cama una lluvia de morfina y derivados, o en su defecto una pesada maza que le golpease la cabeza y le hiciera dormitar, se levantó del sofá cama sujetándose con fuerza el costillar derecho y diciendo ¡Ay, Mami, a ver si viene el médico y nos da el alta porque en este sofá se duerme fatal. No sabes qué noche he pasado! … El amor, que todo lo ciega, y los puntos que tiraban mucho, impidieron que esta mujer se levantara furibunda y le clavara la vía en el rabito de la boina. Bien merecido lo tenía.

La verdad es que esta fase empática mola y sólo trae consecuencias positivas, si sabéis llevarlo bien y compartís sin enfados la mascarilla de pelo y el gloss de labios. Únicamente deberéis ponerla fin y desnudarla sobre el diván de alguien que fume en pipa, el día en que llegues a casa y veas a tu chico con uno de tus camisones y los rulos puestos, preguntándote de dónde vienes y quejándose porque no tienes en cuenta sus necesidades. Ahí ya no, Paco, que todo tiene un límite.

Entre chascarrillos y veladas puñaladitas, sirva este post para agradecer su inestimable colaboración en este lío a todo padre o ente que ejerza el sufrido rol paterno; alguien de manos grandes cuyos besos pinchen y cuyos hombros sean capaces de transportar miniseres en las excursiones pedestres sin que en el hueco de sus cervicales suene clac…

¡Gracias, salaos! Sin vosotros el mundo estaría mucho más vacío.

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