Archivo mensual: noviembre 2010

Reality show


Interior. Noche. Sofá del salón.

Marido y la que suscribe nos disponemos a sentarnos frente a la tele e ingerir cualquier tipo de conglomerado indigesto que los señores televiseros tengan a bien programar en la parrilla. Tres de las neuronas que nos quedan vivas claman a gritos ver algo que nos les requiera ni el más mínimo roce entre ellas, así que optamos por presionar el cinco en el mando, sabiendo que la altura intelectual de lo que sea que salga por la pantalla siempre será menor de cero. Llegamos justo a tiempo para ver el comienzo de un nuevo real show… “PADREVIVIENTES”. ¡Tomayá!

Tres hombres y tres mujeres, solteros, sin descendencia y hasta hoy desconocidos entre sí, son abandonados en una isla desierta durante ocho semanas. Tras ser arrojados desde un helicóptero y llegar a nado, y sin resuello, hasta la costa, deberán pasar por taquilla para recoger las únicas pertenencias que podrán considerar suyas durante su estancia en la isla: tres hijos ficticios como tres soles de gordos que deberán cuidar amorosamente si quieren ganar el concurso y luego dedicarse a largar vivencias por los platós.

Cada concursante deberá cuidar y amar a sus tres hijos, ayudarles con los deberes del colegio y dejarles en su clase correspondiente cada mañana sin confundirse. Cada noche, deberá bañar a los niños, preparar cenas, dar cenas, leer un libro, más una canción con mímica, más una baile opcional; por la mañana darles el desayuno, vestirles, enseñarles a que se cepillen los dientes y peinarles para que estén listos y oliendo a limpito a las ocho treinta de la mañana. Además, deberá llevar a cada niño a una cita con el pediatra, con la enfermera que vacuna, el dentista, un corte de pelo y una piscina de bolas.
Para amenizar la estancia y poner a prueba el estado de nervios paterno, cada niño practicará dos deportes acuáticos y uno cardiovascular e irá a clases de música o danza a días alternos. Cada niño tendrá a su vez tres amiguitos íntimos que cumplirán años dentro de las fechas del concurso, haciendo necesaria la realización de tartas y sándwiches por parte de los concursantes, además de diferentes disfraces de flores y/o frutas para los respectivos hijos de, por supuesto, tamaños y tallas diversas y nunca concordantes.

Cada concursante deberá ir de tiendas con al menos dos niños y arreglárselas para que alguien le cuide al tercero, probarse tres pares de pantalones sin que ninguno de ellos se le escape del probador y conseguir pagar sin que muerdan a nadie en la cola. Además, deberán asistir a reuniones en el cole, guardería y comunidad de vecinos y encontrar tiempo al menos una vez por semana para pasar una tarde en el parque o entorno socializador similar. Deberá entablar conversaciones educadas y mínimamente inteligentes con los demás padres de la isla, evitando a toda costa los insultos personales y las competiciones para ver qué hijo es mejor y cual es capaz de eructar más alto. El edredoning está totalmente permitido, si es que les queda algo de vida y prestancia de ánimo al finalizar cada jornada maratoniana… porque lo que es ginseng no hay…

Tras ocho semanas de extenuación constante, se realizará un test individual en el que cada concursante deberá recordar una serie de datos imprescindibles. A saber: el día del cumpleaños de cada niño, su altura, peso, talla de zapatos y de ropa, nombre de su pediatra, peso del niño al nacer, su longitud, el tiempo que duró el parto y posibles alergias alimenticias. El color favorito de cada niño, su segundo nombre, el mote que le han puesto los macarras de su clase, su comida favorita, canción favorita, bebida favorita, juguete preferido, cuento preferido, el miedo que da más susto y lo que quieren ser de mayores. Nombre de su profesor/a, nombre de sus mejores amiguitos de clase y el nombre de al menos tres dibujitos de la tele, nombre del canal en el que los echan y número del dial.

Como prueba final y de postgrado, deberá ser capaz de llamar a cada uno de los niños sin comenzar su nombre por las sílabas iniciales de los nombres de sus dos hermanos ficticios. Pabli- Nuri- Macarenaaaaa. No, eso no. Muy mal.

Finalmente, los tres niños de cada concursante le nominarán o no para abandonar la isla, basándose en lo bien o mal que haya cumplido con sus obligaciones y la cantidad de chuches y/o monedas de euro con que haya sido capaz de sobornarles para conseguir sus fines.

El ganador no recibe un duro, sólo una flor de miga de pan con su nombre grabado en cada hoja, elaborado por las manitas y los abalorios de sus vástagos ficticios. También el privilegio de ser llamado Mamá y Papá, con mayúsculas, al menos durante esas ocho semanas.

De vuelta a su realidad y a su pueblo, cada concursante – si no ha quedado bizco y demasiado tocado a nivel anímico y cognoscitivo – tendrá la opción de volver a repetir la experiencia, en cuyo caso el concurso durará el resto de su vida.

Divertido, ¿no?… Participen, hombre, participen…

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Frases de madre


 

Sentencias, trabalenguas, acertijos y amenazas varias que jamás hay que olvidar para intentar no volver a repetir. Evitaremos así que se propaguen y vaguen errantes por los siglos de los siglos…

No pongas esa cara que te va a dar un aire: Siempre he sido muy dada a las muecas y a la dramaturgia en general, así que esta frase la oí hasta la hartura! En mi defensa debo decir que jamás entendí qué significaba aquello de que me diera un aire. Durante años le tuve pánico a cualquier tipo de brisa, a asomar la cabeza por la ventanilla del coche y a los secadores de pelo.

Nunca cierres con cerrojo la puerta del baño / Cierra siempre con cerrojo cuando nosotros nos vayamos…¡¡Cuánta contradicción en las órdenes que se refieren a puertas!! Así no hay quien se aclare, hombre ya… ¿Y si vosotros os vais y yo me quedo en el baño? ¿Qué pasa entonces? ¿Mi plano de realidad entra en bucle y estalla?

Otra muy buena a la par que contradictoria era aquella de … Cállate la boca y contéstame!… Sólo aplicable a las madres que eran mentalistas de profesión….

Después de la leche nada eches: Que ya sabemos todos que esto del “orden de los factores” no afecta a los dichos maternos. No es lo mismo que bebas leche y luego zumo, a que bebas zumo y luego leche, aunque luego queden todos juntos en el estómago en plan bacanal y se lo pasen teta entre ácidos. En el primer caso el estómago se colapsa y explota, y en el segundo sólo se asusta.

¿Y si te pasa algo en la calle, qué, eh? : En mis tres décadas de existencia jamás me ha pasado nada en la calle, o por lo menos nada que implicara desnudarme en público. A cambio he tenido que cargar con un sentimiento de pavor absoluto ante la idea de salir de casa con la ropa interior deshilachada. Es ver un tanga con la goma floja y empezar a hiperventilar, oye.

Verás cómo me quite la zapatilla… Mi favorita. Daba igual lo que estuvieras haciendo, sabías que “coger la zapatilla” respondía a una absoluta incorrección de tus actos y conllevaba horribles consecuencias, aunque la amenaza jamás llegara a cumplirse. Siguiendo con los miedos infundados, no puedo ver una zapatilla de estar por casa. Me causan ansiedad. Toda la vida he ido con botas de pocero por el parqué, me siento mucho más segura.

Mejor que llores tú a que tenga que hacerlo yo. Drama dramático donde los haya. Esto servía para justificar que te bajaran en volandas del árbol, que te quitaran la navaja suiza de las manos y que no te dejaran bucear en la negra oscuridad del enchufe… Es la frase más cortarrollos del imaginario materno.

Tráeme el chisme ese que está ahí… ¿Dónde mamá? ¡En el segundo cajón! ¿Pero de dónde mamá? En el salón, hija, en el salón, en el armario de al lado del de las copas ¿De qué copas, mami? Mira déjalo, que tardo menos yendo yo!

Ni maquinitas ni maquinitos. Que ya está bien de subirse al elefante que trota, hombre, que no te voy a dar otros cinco duros ni ahora ni nunca… Tremenda sentencia para negar o dar por concluido algo, que espero poder lanzar algún día a la cara de mi jefe. ¡Ni reunión ni reuniona!…

Como vaya, voy a ir. Frase de la familia de la zapatilla pero un poco más enrevesada en su sintaxis. Deja de hacer lo que sea que estés haciendo y sal por patas. No hay más consejo que dar.

¡¡Cuelga el teléfono de una vez!! …que  os acabáis de ver y lleváis una hora... Y lo peor es que era absolutamente cierto. Contra ésta no tengo nada que objetar…pero qué duro era tener quince años sin tarifa plana!!

Ni jo, ni ja. Y dale otra vez con buscar masculinos y femeninos a todo!! Que vivan las madres adelantadas a su tiempo que ya en los ochenta defendían la bisexualidad!

Un día cojo la puerta y me voy: Cada mañana me levantaba sudorosa y angustiada temiendo que mi madre hubiera desaparecido y se hubiera llevado la puerta en su huída. Nunca lo hacía… porque nos quería mucho y porque la puerta era blindada.

No te lo vuelvo a decir. También en su versión “Es la última vez que te lo digo”. Creo que es la frase más repetida de la historia de la humanidad, que curiosamente puede darse hasta cinco y seis veces en la misma discusión aunque siempre se disfrace de orgulloso ultimátum.

Sácate el dedo de la nariz que se te va a dar de sí. Dudo que exista precedente médico alguno que lo sostenga pero yo no me saqué ni un moco en toda mi infancia por miedo a que el orificio explorado se quedara del tamaño de mi dedo. Podría haberlo solucionado en todo caso explorando el orificio parejo… cachis, qué pena no haberlo pensado antes…

¿Piensas salir así? ¿Con los riñones al aire?… Como si ambos órganos fuesen tatuados sobre la piel y no bajo capas y capas de dermis varias. Aún hoy siento respeto por las camisetas ombligueras porque creo que son responsables de la mitad de los casos de cistitis a nivel mundial.

¿Mamá me das dinero? ¡Y un jamón con chorreras! Juro que a día de hoy, aún desconozco el significado de esta expresión ¿Para qué las chorreras? ¿Y por qué en un jamón?

Tienes la habitación que parece un dormitorio de monos!!. Y es que durante la infancia se tiene una irremediable tendencia biológica a no recoger nada que previamente se haya caído al suelo. Sólo si es una chuche y está llena de arena, en cuyo caso, se puede recoger y comer con total seguridad.

Cuando tú vas yo ya he vuelto tres veces: Ésta era la frase preferida de la madre de Chenoa, pero no por ello incierta o carente de veracidad, que viene a ser lo mismo. Da igual lo que quieras esconder, una madre lo ve todo porque tiene muchos más ojos que tú. Asúmelo.

A que voy yo y lo encuentro….Y lo mejor es que iba, y lo encontraba. Años después descubres que dar a luz te concede un tremendo poder mental para encontrar cosas ocultas a ojos profanos e inexpertos.

No abras a nadie. Como resultado de esta orden, en mi casa hace siglos que nadie lee el contador del agua y he sido denunciada en innumerables ocasiones por la Comunidad. Gracias, mamá.

Como te tragues el chicle se te van a pegar las tripas. ¡Cómo se aprovechaban de nuestros escasos conocimientos en cuanto a funciones básicas estomacales y procesos digestivos se refiere! Era tragarte el chicle e imaginarte acto seguido tus tripas amalgamadas y convertidas en blandiblú. Si hay algún médico en la sala, es hora de acabar con el mito, por favor.

Cálzate, que el frio entra por los pies… Y si ya confluían en el mismo espacio/ tiempo, pies descalzos y pelo mojado, para que os voy a contar…

No te acerques tanto a la tele que te vas a quedar ciega. Si hay algún oculista en la sala, que hable ahora o calle para siempre… porque yo tengo mis reservas, la verdad.

Ya verás cuando se lo diga  tu padre. A veces se lo decía, a veces no. A veces aparecía papá en la habitación con cara de Predator, a veces no. Una suerte. Una lotería. Y a ti sólo te quedaba rezar…

Para mí que esa chica no te conviene como amiga… A las dos semanas exactas de gritar y llorar en defensa de “esa chica”, aparecías en casa con su puñal clavadito en la espalda. Por supuesto, mamá estaba allí para curar heridas y dar besos sanadores.

…Y concluyo por no aburrir…

Lo mejor es que ahora, tras leer esto y hacer breve examen de conciencia, creo que he repetido el 90% de estas sentencias en mis tres años de experiencia en esto del gremio materno. Faaatal!

Debido a la edad de mis criaturitas, esperaré un rato más para atreverme con el archifamoso …. “Mieeeentras viiiivas baaajo miii teeecho…”, no sea que se me vayan en serio y se lleven la puerta.

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